12 de septiembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

La semana no empezó divertida desde los números y la abulia de los mercados, pero comenzó a proveernos de lo que era imaginable: un concierto de músicos, de lo económico y financiero, cada uno utilizando su propia partitura. George Soros -hacia un tiempito que no le veíamos en el escenario- se quiso inscribir en la orquesta, con el tema más original e inédito. Y sin ningún recato lanzar la hipótesis de «si Alemania hubiera abandonado el euro, los problemas de la eurozona habrían mejorado...». Hasta tuvo el toque sofisticado de declararlo para el Financial Times, diario del país contra el que Soros -en 1992- lanzó su ataque, sobre la libra esterlina, que produjo un zafarrancho contra el Banco de Inglaterra. Desde tal atalaya ética y moral, el personaje al que nada le importó nunca de las consecuencias sobre los pueblos ahora pretende ser el defensor de Europa. Conmina a Alemania a que se comporte como «un líder benévolo», o que abandone a la región para que -según Soros- todo mejora. Por caso, que se garantice la creación de los eurobonos. Que se abandone la política de austeridad, de combatir la inflación... en síntesis, aquí no ha pasado nada y que la fiesta recomience. Como Soros, hay cantidad de personajes que salen a declamar sus «soluciones», al parecer todos tienen la mágica fórmula para devolver felicidad, de un día para el otro. Lo que demuestra la realidad -y la historia- es que contra una crisis de fondo, global, el camino más lento termina siendo el más rápido porque no existen los atajos artificiales. Y cuanto más tiempo se pierde en buscarlos y proponerlos, todavía más lento se hace el camino a la salida. La semana arrancó con Soros y su pieza dialéctica, que en boca de cualquier otro nombre de menor «rating» habría sido tomada como una estupidez. Pero el hombre logra su propósito de no perder vigencia en la tribu de los «brujos» financieros y aportó la cuota de color, sobre el intento gris que pobló la rueda inicial de la semana.

Veremos si en días que siguen otras partituras se suman, con sus notas propias, haciendo entre todos un fantasmal concierto desafinado. Por lo demás, no se avizora un pasaje dinámico, sino de digestión lenta y con cartelito de «expectativas», en mercados que poseen muchísimas butacas sin vender. La apuesta ahora es por Bernanke, porque los chinos se pincharon. (Por qué no proponen algo, para los Estados Unidos...)

Dejá tu comentario