13 de noviembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Ahora que Obama pudo ser reelecto, en el mismo día de la celebración de la victoria se instaló el tema del «abismo fiscal» en los Estados Unidos. Parece que aunque se posea la máquina impresora de billetes que imperan en el mundo, derramando billones en varias rondas, finalmente llega el punto de asumir las consecuencias. Por lo que se ha leído, Obama quiere acordar con los republicanos para aumentar impuestos a los ricos, simultáneamente con bajar el gasto. Pero, en tanto, todavía está en un «proyecto» aquello de castigar a los hacedores de la crisis inicial -los bancos- y no ha podido aplicar casi nada. Simplemente, porque los banqueros se opusieron firmemente a aceptar cualquier tipo de «regulación» a fondo. No se pudo realizar lo primero, lo esencial y terminante, para ir ahora en procura de ese aumento de las imposiciones. Quizá, como todo «se negocia», intercambien figuritas y habrá que ver qué tipo de concesión logra el Gobierno a cambio de no meterse con lo otro. Lo concreto es que la mentada «regulación», una vuelta atrás entre negocios bancarios y bursátiles, no está vigente.

Pero en tanto ellos mismos «exportan» tal tipo de regulaciones para otros países. (Esto nos hace recordar cuando Dante Panzeri -un grande del periodismo- apuntó: «Europa nos lleva los mejores jugadores, mientras nos venden los libritos de tácticas».) En el epicentro del desastre, que después se propagó, el gran andamiaje y las tramas no han podido ser derribadas. Y los banqueros realizaron «donaciones» a las campañas de los dos candidatos -con acento en Rommey-, como los delincuentes de Goldman Sachs, procurando cubrirse las espaldas, los sillones ejecutivos y la base dorada de sus operaciones. Pero irrigaron por el mundo la idea de «regular», de la transparencia de mercados, de remover los marcos de actuación de los demás. El primer librito fue aquello de la «globalización», apertura de los más chicos para ser deglutidos por las más grandes. Y en el librito venía implícita la idea de que todos gozarían las mieles prometidas, elevando a mercados menores. Otro de los libritos traía la idea de adoptar las AFJP, que serían los grandes propulsores de las Bolsas. Resultó que las mieles duraron poco, los chicos lo son más y ahora arribó el librito de cambiar el sistema contable, junto con una nueva imagen de todo el sistema bursátil. La alquimia es la esperanza de que esto atraiga capitales, sólo variando las normas. Y quien le dice...

Dejá tu comentario