5 de febrero 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Si se comienza a razonar en círculos, todo puede hallar una justificación. A partir de ella, se puede retroalimentar un movimiento y exprimirlo hasta que el exceso lleve a una implosión. En función de esto, es que conviene remarcar que la única causa que puede invocarse para que las acciones locales se hayan separado de todo marco internacional y rendido de manera exuberante en los últimos dos meses, es la trepada del dólar «paralelo», que forjó esa notable brecha con el oficial. No hay más que eso y difícilmente se puedan conseguir otros argumentos para darle el andamiaje racional a una evolución del 43% en sesenta días (que, con un par de ruedas más de febrero, podría arribar a un 50% de superación). Este es un aspecto, otras veces lo vimos, que preocupa básicamente a los «grupos de control» de las compañías, pero que no involucra al inversor minoritario que contra su decisión en bondades de los saldos empresarios y la distribución de los mismos. La otra veta aparente, pasa por decir que no surgen bienes sustitutos a ese dólar marginal y, en tanto no aparezcan las acciones constituyen un bien apetecible para descremarles un recorrido. En cualquiera de las apelaciones falta la sustancia. Lo que genera el bien en sí, que para el caso de una acción siempre atraviesa por cómo le vaya a las empresas emisoras de las mismas. Las perspectivas que poseen, la economía en las que están insertas. El modo en que las utilidades pueden -o no- respaldar una trepada de cotización medido por el ratio que coteja ambos elementos. Si las acciones toman altura en el mercado hasta niveles soberbios y los números de los balances son mediocres, ese ratio «precio/utilidad» tiende a crecer, hasta hacerse sumamente desaconsejable. Lo más sencillo es dejarse llevar por la «ola», si se es inversor y ha tenido el golpe de vista y el olfato en tiempo aconsejable poder sacar el máximo provecho sin importar demasiado las causas que produjeron tal oleaje.

Otra cuestión es visualizar al mercado en tren de observación y en tal posición se tiene que poseer la independencia de criterio para apuntar aquello que no cuadra. Es la que intentamos mantener, siempre, en grandes subas, o grandes bajas, con la sola finalidad de advertir cuando la aguja se va hacia los extremos. Si todo continúa en función del dólar también hay que pensar en cuando eso alcance una madurez y de dónde se tomará el mercado.

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