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Cupones bursátiles
Teoría, hipótesis, pretendidas explicaciones sobre cómo un índice que debe asentar sobre salud y crecimiento económico, con derivación en los estados contables de las empresas que emiten títulos, y que debe atravesar territorios estériles en lo global, puede derribar la marca histórica que se mantenía desde, justamente, antes del estallido de la crisis por los bonos hipotecarios. Y que tuvo epicentro en la misma economía que el Dow Jones representa en el mercado de riesgo.
Hemos repasado consideraciones que salieron a la luz el mismo martes, cuando se confirmó que el Dow alcanzaba nueva cifra máxima de su historial, siendo la más original y simpática -por no decir fantasiosa- la de una «especialista» de Nueva York. El señor dice que «esto demuestra que la economía de Estados Unidos está bien» (justamente cuando la Fed tiene que seguir con su plan de asimilar activos tóxicos, entregar dinero sin costo, a lo que se agregó el inicio de los recortes del gasto público). A eso le llama estar bien nuestro «especialista» desconocido. Argumentos que se invocan son variados, pero en todos los casos se agrega «la inyección de liquidez de la Fed», lo que aparece como la carta más fuerte jugada por el Dow Jones para establecer su nueva altura máxima.
Por las nuestras, agregamos que el giro tomado por el «mix» de los poseedores de acciones -arrasadas las posiciones de inversores individuales, familiares- reemplazados por entidades y fuertes grupos de manejo de capitales, formalizaron un «hábitat» propio para la Bolsa, rodeado de un contexto plagado de problemas. Etapas de verdaderas «correcciones», no se han visto, desde sus mínimos -de 2009- el camino ha sido siempre hacia arriba, de donde otros -los de Europa- se han tomado también para poder disimular sus carencias económicas. Un fenómeno: que tenemos privilegio de ver.


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