22 de julio 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Sacar una vez más el proyecto de "gravamen de la renta financiera", donde la mayoría de los activos de inversión producen ganancias nominales y pérdidas en términos reales (por la inflación que no cede) resulta una herramienta de doble filo. Obvio, los que ven en ello una veta recaudatoria -dando por sentado que las condiciones de inversión serán iguales a lo actual- ya han dejado trascender cifras (se habló de 17.000 millones de pesos) que dan cuenta del filo que favorece al gravamen.

Pero no es tan sencillo calcular cuál sería el real costo-beneficio si es que el sistema financiero asiste a una deserción de colocadores. Mucho más si tal deserción de unos canales se traslada a otros -como el dólar- que vienen siendo difíciles de combatir. En todo caso, es lo que vemos desde nuestro limitado atalaya: imaginamos que mentes más preparadas, y expertas, tendrán en cuenta el riesgo, además de seducirse sólo por el beneficio fiscal.

Lo financiero puro, más lo bursátil -seguramente- quedarían bajo el mismo régimen, nuevamente propuesto: que, reiteramos, ahora es una más de tantas veces que se habló de ello a lo largo de décadas y nunca llegó a aplicarse.

Por otra parte, cierta intervención sobre tipo de operaciones bursátiles (como se han visto en días pasados) nunca han sido aconsejables. Un mercado de oferta pública -y libre- no es sinónimo de controles que se suelen implementar en la formación de otros precios de la economía (como en supermercados). Esto también genera un fantasma en el sistema, porque sus alcances podrían resultar ilimitados y distor-sionando el decantar natural de las tendencias.

Varias veces referimos que, a lo largo de la historia, hubo casos de funcionarios que estuvieron a punto de corregir de manera artificial la dirección de los signos bursátiles (casi como decretando que las bajas están prohibidas). Ya nuestro mercado se maneja con el capital al mínimo indispensable, cualquier medida -o insinuación- que agite el riesgo de que se quiera meter mano en operatorias, o formación de precios, puede dejarnos en la indigencia absoluta. Justamente, cuando se está por poner en marcha la nueva ley para regir al sistema y que necesita de estímulos positivos: al menos, en los primeros tiempos y donde se pueda demostrar que viene a brindar utilidad, para sacar el conjunto de la varadura. Hay sombras que son innecesarias. Nos parece.

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