26 de julio 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

En Wall Street se la pasan seleccionando balances ingresados, donde un par de ellos que se consideren "mejor que lo esperado" son capaces de poseer fuerza positiva para subir al Dow Jones. Y si aparecen juntos algunos otros, de flacos saldos, poseer también cierta incidencia en el índice pero, menos. En función de la capacidad de disimular lo malo y realzar lo bueno que poseen en los escritorios de casas de inversión, o formadores de carteras.

Tal importancia que se da a los balances en el principal mercado del mundo, inclusive exagerando con el sentido de sintetizar casi uno por uno en lugar de establecer cierto promedio en la lista general de lo que llega, es el perfecto contraste con un aspecto básico de la cultura bursátil que en nuestro medio se ha perdido ya casi por completo (salvo algún caso muy puntual). Cuando aparecen en la Bolsa local los estados contables -los de junio, trimestrales, llegarán a inicios de agosto- muchas veces se dan fenómenos que rozan lo ridículo. Como que una acción que tiene detrás un balance de lo más deplorable, en el mismo día de conocerse los números suba de precio.

Igual ocurre al conocerse estadísticas sectoriales donde se mencionan -por caso- fuertes caídas de producción, o consumo, que deberán reflejarse en magros números de los balances siguientes, y esto no causa ninguna baja en los títulos del sector, posiblemente se vea lo contrario.

El movimiento conjunto de papeles que suben -o bajan- al unísono, masificados, como si se tratara de todos los títulos y atributos similares es lo que llevó a igualar en la mediocridad los altibajos del mercado. ¿Para qué mirar balances si al fin de cuentas esto no importa? Pregunta de respuesta fácil, que cada vez más inversores fueron formulando. Resulta más simple subirse al andar positivo con una racha favorable, o bajarse si llega tiempo de descensos.

Lo bueno, lo malo y lo feo se acumulan en una misma pila de acciones que mostrarán reacciones del mismo tenor. Hace unas décadas, la zona de arribo de balances resultaba uno de los grandes aconteceres en el ambiente. Inversores presurosos, yendo a la biblioteca de la Bolsa, para averiguar sobre los números llegados. Y esto se reflejaba en las cotizaciones de cada una. Época de Bolsa "ilustrada", donde no sólo se invertía sino que se aprendía. Hoy, ninguna de las dos: se apuesta.