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Cupones bursátiles
En 1717 aparece en la ciudad de Londres un personaje cuyo nombre sería recordado por mucho tiempo y no como el del mejor amigo. Se trataba de Robert Harley, director de la Compañía de los Mares del Sur, quien, a cambio de comprarle al Tesoro británico bonos por valor de diez millones de libras, consiguió que la Corona le concediera el monopolio del tráfico de esclavos con las colonias españolas de América. Los inversores extendieron el rumor de que además España le daría al Reino Unido el libre acceso para comerciar en cuatro de sus puertos sitos en Chile y Perú a cambio de una participación en los negocios de la compañía de los Mares del Sur.se expandieron éstos y otros rumores sobre la compañía que el precio de sus acciones no paraba de subir en el mercado de valores.
Parecía un negocio seguro, pero, contra todo pronóstico, las operaciones comerciales de Harley en territorio americano no dieron los beneficios esperados. Lejos de decir la verdad, el político y empresario desarrolló una campaña donde señalaba a quien quisiese escucharlo que la compañía marchaba viento en popa y, para respaldar su afirmación, en 1720 gastó otros diez millones de libras en comprar más bonos del Tesoro. Con este gesto consiguió atraer más inversores, con lo que consiguió que la cotización de las acciones pasara de las 120 libras que valían en enero de ese mismo año hasta las 1.000 libras que llegaron a costar en agosto.
Transformación
De esta manera, lo que se inició como una empresa comercial se transformó en un mero negocio especulativo. Pero en 1721, el fraude quedó al descubierto: una inspección demostró que las operaciones comerciales de la compañía eran prácticamente inexistentes, y el precio de las acciones se desplomó y provocó pérdidas económicas a centenares de ciudadanos. Entre ellos, el mismísimo Isaac Newton, quien perdió veinte mil libras con este negocio. Eso le llevó a decir: "Puedo predecir el movimiento de los planetas, pero no la locura y la codicia de las gentes".
El escándalo fue mayúsculo, y el Parlamento tuvo que dimitir en pleno. Lo sustituyó temporalmente una comisión. Los directivos de la Compañía de los Mares del Sur fueron encarcelados y desposeídos de sus bienes.


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