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Cupones bursátiles
En 1869, dejando un poco de lado sus actividades con el Gobierno, enfoca su vista comercial hacia los ferrocarriles, particularmente para la construcción y la administración del ferrocarril transcontinental Northern-Pacific.
A través de sus oficinas en Nueva York y Londres promocionó $ 100 millones en acciones en ultramar para el proyecto.
Descontaba, además, que iba a tener el apoyo financiero gubernamental. Pero cuando Cooke despertó de lo que creía una pesadilla se encontró con que ésta era una realidad; la línea nunca bajó a tierra, la mayoría de los reintegros gubernamentales, con los que él contaba para llevar adelante el proyecto, habían sido ganados por otro grupo, el Morgan-Drexel, y con que la mayoría de su dinero gastado en las preliminares del Northern-Pacific se había evaporado.
Menguado financieramente y desalentado por el fracaso, rápidamente lleva a su empresa a la quiebra, durante el pánico de 1873 y deja a Morgan tomar las riendas de la dirección bancaria en las próximas décadas. El que fuera salvador de la nación, desintegró su destino y pasó sus últimos años repartiendo su tiempo en pequeñas aventuras financieras apenas relevantes, hasta su muerte en 1905.
Aprendemos de Cooke tres simples y pequeñas lecciones:
a) después de un éxito consistente, espere observe y piense;
b) no siga la corriente si no está totalmente seguro;
c) Nunca ponga todos los huevos en un solo cesto.
Cooke fue el primero en hacer posibles grandes suscripciones, pero se adentró en un nuevo terreno cuando asumió que podía aventurarse en la operación de un ferrocarril y además contar con la financiación gubernamental, que era una especialidad típica de Morgan.
Perdió su cabeza en la excitación del éxito y no pensó.
Quizá si no hubiera ignorado su original "gallina de los huevos de oro" habría seguido siendo el nombre preeminente en Wall Street, en lugar de Morgan. Ahora sólo queda de Cooke una larga lección de lo que no se debe hacer cuando el éxito nos acompaña.


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