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Cupones bursátiles
Para escapar del arresto "cruzaron la frontera" de la ciudad de Nueva Jersey, Pero después de un mes, Drew, de 71 años, extrañaba su hogar. Además estaba intrigado porque había recibido una nota privada de Vanderbilt que decía: "Drew: yo estoy enfermo por estos condenados negocios. Venga y véame". Dejando a sus socios de lado, Drew -furtivamente- se encontró con Vanderbilt, en su propio cuarto, para arreglar la situación.
Vanderbilt y Drew establecieron un trato para pagar las pérdidas del perdedor en la Tesorería del Erie; Vanderbilt realmente no supo de dónde vino el dinero, pero evidentemente Drew pagó por su libertad.
Mas Gould y Fisk descubrieron el trato Vanderbilt-Drew y decidieron honrarlo, echando a Drew del Erie.
Pero Drew no estaba arruinado. Todavía tenía aproximadamente $13 millones. Despojado del Erie y con su carácter vicioso expuesto, despertó sospechas entre sus compañeros de Wall Street. Perdió la credibilidad y de nada le valían sus artilugios.
Alejado de Wall Street, ante la indiferencia general, Drew comenzó un rápido declive. Gould y Fisk falsamente le hicieron creer que nuevamente eran sus amigos y lo incluyeron en un nuevo movimiento "oso" del Erie. Drew fue tentado a vender pesadamente en el corto.
Pero en el último minuto, Gould y Fisk comenzaron a comprar todo lo que él había vendido, 70.000 acciones, con lo que contabilizó una pérdida de $ 1.500.000.
Más lento y menos apto, a los 76 años el viejo estafador ganadero perdió todo con la especulación del ferrocarril en el pánico de 1873.
Casi en quiebra total contabilizaba deudas que excedían $ 1 millón y recursos por menos de $ 500. Pasó el resto de su vida dejado de lado por todos aquellos que conocieron sus malas artes en Wall Street.
Hay tres reglas de vida que no supo respetar:
A) Empezar con una buena educación y jugar con los principios correctos -él no lo hizo-.
B) Dejar el juego mientras se está ganando, antes de que éste se vuelva demasiado largo -él no lo hizo-.
C) Si no se construyen lazos perdurables, no se construye mucho -él no lo hizo-.
Y de lo que nunca se dio cuenta en sus 82 años de vida es de que los estafadores a la larga son estafados...


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