16 de diciembre 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

El poder de los grandes bancos es tan dificil de vencer, que a seis años de una crisis que estalló a través de ellos recién ahora se retoma el tema de las regulaciones y los severos controles, más los castigos, por parte de los organismos que Estados Unidos dedica a esos menesteres. El colocarle límites precisos a la operatoria bancaria, especialmente para impedir el hacer "trading" en beneficio propio y de sus ejecutivos, en desmedro de sus clientes. Cuando Paul Volcker salió de ser un personaje de la historia financiera y acudió al llamado de Obama, para implementar todos los resortes legales necesarios, velozmente se dieron a conocer normativas: que se resumieron en la "regla Volcker". En tal caso, se dio una curiosa relación en torno al legendario funcionario: porque no son pocos los que señalan a Volcker como el que abrió nuevamente las puertas para los desvíos en el mercado financiero, con su actuación al frente de la Reserva Federal y con acento en finales de los 70.

Una serie de normativas, que derribaron las regulaciones que provenían desde la Gran Crisis, despejando el camino para los bribones de siempre.

Reglas

El caso es que durante todos estos años, desde 2007, la corporación bancaria ha conseguido asegurarse lo más sabroso del menú anterior: los premios, los famosos "bonus", honorarios, comisiones, en un abanico de formidables ganancias, todas ellas, basadas en el manejo del "trading" por cuenta propia. En medio de la fiesta también hubo numerosos empleados "emprendedores" que comenzaron a jugar para ellos mismos, colocando en muy difícil situación a varios bancos, por sus manejos alocados y sin límite. Las entidades como víctimas de su propio juego, traicionadas por operadores que ellas formaron; curioso giro de la historia...

Lo cierto es que ahora se prometen las puestas en ejecución del conjunto de reglas que se han venido dilatando. Sin que esto lleve a hacerse muchas ilusiones, ya que en los aspectos esenciales que deberían aplicarse se otorgarían plazos de adecuación, a los que habrá que medir... en años. Mientras tanto, seguirá el jolgorio en los mercados y con bastante frecuencia tocará comentar un nuevo delito de alguna entidad o de uno de sus empleados, que serán arreglados mediante alguna multa. Siga el baile.

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