Los chinos hicieron reverdecer una vieja sentencia que no pierde vigencia. Sin expresarla directamente, la dejaron dibujada en el aire ante la delegación local, que iba a procurar cuantiosos créditos. Los chinos dejaron una vez más sentado que: "el que tiene el oro, pone las reglas...". Se lo puede mirar al derecho, o al revés, pero esto no tiene apelación, desde el confín de los tiempos. En el pormenorizado relato que el colega Carlos Burgueño expuso en la edición del pasado martes ("China peor que FMI...) paso a paso se ven las distintas cláusulas, que las autoridades chinas informaron a las nuestras. Realizadas con un muy estudiado modelo para que China haga y deshaga, sin siquiera permitir que el dinero otorgado vaya a las arcas del Banco Central del otro país. Singular manera de velar por lo suyo y de extraer todas las ventajas, además del simple cobre de un interés. (Imaginamos las expresiones de asombro de nuestros funcionarios, que acorde al "estilo" argentino suponían un trámite sencillo: de pedir y tomar). Los chinos, de un plumazo obtienen: A) El cobro tradicional de un interés, por el dinero concedido. B) Que el préstamo vaya a infraestructura. C) Enlazado con el punto anterior: que sean obras para empresas chinas, con mayoría de obreros chinos. Y con los insumos para la misma, provenientes de China. D) El préstamo no se concede en dólares, sino en yenes, pasando el riesgo de fluctuación cambiaria al deudor. E) Todo el proceso estaría vigilado por el "Banco de Desarrollo Chino". Esto trae consigo los consabidos odios, de los que solicitaron los créditos, pero no son pocos los que deben aceptar las severas cláusulas con tal de aliviar su situación (países africanos, o Venezuela, deben pagar con petróleo).
Lo que los chinos dejan en claro, es que no son una entidad de caridad y que le extraen a su carácter de prestamista, el máximo provecho. Queda en el solicitante aceptar las condiciones, o no (por el momento, parece que la Argentina no aceptaría tal marco) que visto desde nuestras costumbres puede resultar odioso, inadmisible: pero, desde el mirador chino, es su manera de defender los dineros de su país. No habíamos leído nunca, de tan rígidas condiciones en el mundo. Sólo ha brillado con mucha fuerza, aquello: "el que tiene el oro, pone las reglas".
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario