24 de febrero 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Las aguas bajan cada vez más turbias, enfocado desde el mirador puramente bursátil, donde la pasada semana tendió a retratar inquietudes -lógicas-, lo que se tradujo en corriente de oferta abundante, a través de las ruedas. Por más que en la superficie de los saldos existieron matices, algunos con mejor actitud de resistencia, el trasfondo del mercado fue de posición vendedora, dominante. "Más papel que dinero" dejamos en el título sobre la rueda del viernes, que bien le cabe a toda la secuencia de una semana donde febrero tornó a mostrar sus garras estadísticas y a repetir su historial antagónico al Merval de estos últimos años. La aparición conjunta, no por casualidad, de un verdadero frente cargado de amenazas contra los empresarios hasta incorporó a un organismo que nada tenía que hacer -ni decir- en la problemática que se trataba.

No hemos visto que en los medios se apuntara, pero lo haremos nosotros, desde aquí: la Comisión Nacional de Valores, emitiendo un mensaje preñado de ambigüedades, está fuera de su rol admisible dentro de un frente que incluía a funcionarios apuntando a formación de precios de productos y al control sobre los mismos.

Explicaciones, forzadas, hablaron de que se refería el matizado mensaje de la CNV a investigar presuntas "operaciones desestabilizadoras" (en el mercado bursátil y "antes de comenzar la devaluación del peso", en enero).

Opiniones al margen (ésta ha sido la nuestra) lo que más nos interesa -y nos preocupa- es la confluencia de elementos nocivos para la salud de un mercado de riesgo. Ya las compañías deben ensayar sus mejores ideas para poder suavizar el impacto que se viene a sus finanzas con el doble juego del dólar y las tasas sobre pasivos. Ideas para defenderse, no para crecer o expandir el negocio y aumentar beneficios. Y esto último, los beneficios, que ya están siendo puestos en la picota por los funcionarios oficiales. Hubo al respecto también ambigüedades sobre que se irían a regular utilidades, o cuestionarlas, para después aclarar -si es que sirve- que la intención de los dichos no era de tal tenor. Hay gran turbulencia, hay nerviosismo al por mayor, hay malos ratios que acechan a la economía y hay también idas y vueltas, con medidas cuyos efectos adversos no fueron estimados debidamente como el impuesto automotor y ahora su revisión. Un mercado bursátil precisa aguas claras para navegar, en caudales con piedra y barro: la varadura es una consecuencia natural. Donde el temor supera a la codicia.

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