20 de mayo 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos gratifica -y por qué negarlo- que en un artículo de fondo del "The New York Times" se testimonie, aquello mismo que tantas veces apuntamos en nuestra pequeña columna diaria: que la verdadera y pesada "resaca" que quedó de la crisis (a las orillas de las economías y de las sociedades) no estaba siendo limpiada, por los encargados de hacerlo.

Hablamos de muchos "truhanes bancarios", reales hacedores del desastre global iniciado formalmente en el 2007, que proseguían en la ruta del dinero. Y, lo que es mucho peor, ensayando similares y hasta nuevas estratagemas para seguir vulnerando límites y leyes.

Solamente uniendo cabos sueltos de las novedades que iban llegando del Norte, sin posibilidad de contar con otras evidencias, colocamos el acento en tal comportamiento (de un gobierno de Obama que, cuando era candidato, vociferaba y prometía duros castigos). Al menos con el otro desastre, el del 2000 -con las "tecnológicas"- se vieron desfilar a algunos ejecutivos con esposas en las manos (como el caso "Enron"), aunque en aquel entonces ya el "zorro" del mercado (Alan Greenspan) se había encargado de salvar a ciertos personajes, relacionados a su figura.

Lo que lleva a una conclusión, madre de todas las otras: es que los pueblos continúan pagando la fiesta de los bancos, pero los mismos están engendrando -con sus modos criminales de actuar- una futura zona de "crisis", tanto o mucho más severa que la reciente (en parte, la actual).

El fondo de la nota es que -vaya a saberse por qué entramado político y judicial- en Estados Unidos adoptaron la fórmula de declararse "culpables" de toda acusación que se les realice y pagar de inmediato, la multa que se los imponga. De tal forma, ya hay una larga senda de bancos en fila y pagadores de tales penas. Inclusive, varios que acumulan sanciones como si las coleccionaran (los muchachos de Goldman, el J.P. Morgan, entre los favoritos).

En verdad, al declararse "culpables" también se proclaman como delincuentes, hechos y derechos: pero, lo peor, que a nadie le importa y siguen a la cabeza de grandes negocios (o contratados por gobiernos diversos, como asesores, o colocadores) sin ninguna sanción mediática, como tampoco de tipo social. Por caso, los mismos ciudadanos que siguen pagando las consecuencias de sus actos anteriores: lo bien que harían en restarle todo tipo de colocaciones, a esos bancos multados y salvados. El tema es: ¿quién se salva?...

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