Victor Lustig - 1a parte - Quizás nunca oyó hablar de Victor Lustig o tal vez conozca su historia, una leyenda dentro de los estafadores, que engañaron a mansalva a todo aquel que lamentablemente lo escuchó y creyó en el. Sabemos que eran otras épocas donde la credibilidad era moneda corriente y los vivillos aprovechaban contactos para hacer uso y abuso de sus voluntades. Este caso particularmente fue insólito por lo que hubo en juego y sus protagonistas.
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Victor Lustig nació en Hostinné, Imperio Austrohúngaro, actual República Checa, el 4 de enero de 1890, pero muy joven se estableció en el oeste. Su personalidad se destacaba por ser la de una persona refinada, elocuente y encantadora, que hablaba con naturalidad varios idiomas.
Comenzó a realizar sus estafas en los transatlánticos de vapor entre París y Nueva York. Una de las estafas más conocidas de Lustig fue la "máquina de impresión de dinero". Mostraba a sus "clientes" su máquina, una pequeña caja en la que previamente había introducido tres billetes genuinos de 100 dólares, y demostraba cómo era capaz de "copiar" un billete, aunque -se lamentaba- que para ello se necesitaran seis horas.
La persona a quien había interesado, pensando que ésto le daría grandes ganancias, compraba la máquina a un precio alto, normalmente más de 30.000 dólares.
Durante las doce horas siguientes, la máquina producía en efecto otros dos billetes de 100... Pero después sólo salía papel en blanco. En el momento en que los clientes se daban cuenta de que habían sido estafados, Lustig había tenido el tiempo suficiente para desaparecer. Muchos fueron los que cayeron en la trampa.
En 1925, Francia se había recuperado de la Primera Guerra Mundial, y París estaba en pleno resurgimiento, lo que generaba un entorno atractivo para un chapucero. Un día de primavera, Lustig leyó en un diario un artículo que detallaba los problemas de la ciudad para mantener la Torre Eiffel: incluso pintarla resultaba una tarea muy costosa, "por lo que se estaba convirtiendo en un gran montón de chatarra". Vió las posibilidades detrás de este artículo y desarrolló una estratagema notable.
Como primer paso, le pidió a un falsificador que le copiara en documentación gubernamental lo explicado en la nota periodística.
Como segundo paso invitó a seis comerciantes de chatarra a una
reunión confidencial en el Hotel de Crillon, uno de los más prestigiosos establecimientos de París, para discutir un posible acuerdo de negocios. Mañana continuamos.
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