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Curioso viaje del diario estatal de Chile, de Bachelet a Piñera
Chile es sede de una rareza: la existencia de un diario estatal. Con la salida del poder de la Concertación, La Nación se ve obligado a emprender un difícil cambio de línea editorial.
La Nación, con una venta diaria aproximada de 15.000 ejemplares, es el tercer matutino entre los generalistas considerados «de calidad» de Santiago, detrás del tradicional El Mercurio y del más desacartonado La Tercera, ambos afines ideológicamente a la alianza de los partidos Renovación Nacional (RN) y Unión Demócrata Independiente (UDI) que sustenta al Gobierno de Piñera.
El presidente del directorio de La Nación nombrado por Piñera, Daniel Platovsky, admitió en diálogo telefónico con Ámbito Financiero que si bien «la decisión no está tomada, es poco probable que el diario se pueda vender porque no es rentable (pierde u$s 6 millones al año)». Acerca del rumbo editorial que tomó el periódico con la nueva administración, Platovsky, un empresario del rubro tecnológico allegado a Piñera, reconoció que «siempre ha sido un diario de gobierno, por lo que ya no es concertacionista y representa los intereses» del Ejecutivo actual. No obstante, el dirigente expresó que, de permanecer en un 70% en manos del Estado y un 30% en manos privadas, como en la actualidad, La Nación será un medio con «más espacio para la oposición, menos político y más concentrado en los temas ciudadanos».
La Nación fue fundado en 1917 por el político liberal Eliodoro Yáñez y expropiado por la fuerza diez años más tarde durante la dictadura populista de Carlos Ibáñez del Campo.
En su calidad de medio estatal, fue abiertamente pinochetista -como en rigor lo fue toda la prensa de entonces- durante la dictadura (1973-1990). Con el advenimiento de la era de la Concertación, que acaba de concluir, pasó a ser de centroizquierda.
Como pauta del grado de oficialismo que exhibían sus páginas bajo el Gobierno de Michelle Bachelet, el diario estatal omitió utilizar la palabra «Piñera» en algún título de las primeras cinco páginas de la edición del lunes 14 de diciembre pasado, cuando el actual mandatario había ganado por amplio margen la primera vuelta del día anterior y quedaba en inmejorable posición de cara al balotaje de enero.
Una vez en el cargo de presidente, Piñera pareció desconcertado acerca de qué destino darle al diario. El partidismo de La Nación, intensificado durante la campaña electoral, no fue mayor objeto de debate durante la misma, en parte por lo acotado de su porción del mercado y en parte por la clara predominancia de medios afines a la alianza liberal-conservadora (ver aparte). Pero una vez reemplazada la dirección «concertacionista» -el resto del cuerpo profesional de la redacción no sufrió mayores cambios-, Santiago se quedó sin ningún diario impreso que no sea de centroderecha.
Revuelo
Las siguientes palabras del presidente chileno, dichas a comienzos de mayo, causaron revuelo en virtud de un hipotético cierre inminente que prenunciaban: «Durante la campaña levanté mi voz contra ese diario La Nación, que se había transformado en una fábrica de propaganda de los gobiernos de turno y de ataques a los opositores de turno». Dijo además que las opciones son «transformar el diario La Nación en un diario al servicio del Estado y de todos los chilenos y no de los gobiernos de turno, o simplemente reconocer que no hay una razón que obligue a ningún Estado a tener algún diario oficial». Dicho esto, dos de sus principales ministros, Ena Von Baer (secretaria general) y Rodrigo Hinzpeter (Interior), se dedicaron a reinterpretar esas palabras, habida cuenta del enorme costo político que implicaría dejar una redacción en la calle.
Marco Enríquez-Ominami, el disidente de la Concertación que sacó el 20,13% de los votos en las elecciones presidenciales de diciembre, indicó a este diario su parecer sobre qué se debe hacer con La Nación: «Considerando el uso que cada Gobierno le ha dado, sugiero explorar la creación de un holding de comunicaciones del que el diario sea parte junto a Televisión Nacional de Chile», con un régimen legal similar al que rige a la TV estatal, que le garantiza a la oposición la minoría de las sillas del directorio (una opción que también baraja el Gobierno). No obstante, el joven ex candidato admitió que no le parece «del todo loco que se privatice».
Un paso en falso dado por Piñera demuestra la dificultad de abrir el juego hacia un medio menos oficialista. A instancias de Von Baer, en abril fue designado director el periodista Mirko Macari, titular del sitio on line Elmostrador.cl, un periodista sin clara identificación con el oficialismo. Su nombramiento duró un día, porque la UDI, el partido de linaje más pinochetista del oficialismo, se quejó por investigaciones pasadas realizadas por Macari que habían afectado a uno de sus principales dirigentes.


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