28 de enero 2013 - 00:00

De Bovary a Grey: un largo y decadente camino literario

La famosa foto de Marilyn Monroe leyendo el «Ulises» de Joyce. Para la autora italiana Francesca Serra, el «porno para mamás» no es un invento literario actual.
La famosa foto de Marilyn Monroe leyendo el «Ulises» de Joyce. Para la autora italiana Francesca Serra, el «porno para mamás» no es un invento literario actual.
Madrid - El llamado «porno para mamás», pseudogénero comercial acuñado por las editoriales y que encarna el fenómeno de «Cincuenta sombras de Grey», de E.L. James, tiene su origen en siglo XVIII, llega a su apogeo en el XIX con Madame Bovary y lo culmina Marylin Monroe leyendo el «Ulises» de James Joyce. Así lo afirma la ensayista y crítica italiana Francesca Serra, quien ha escrito «Las buenas chicas no leen novelas», un ensayo en el que afirma de forma tajante que «todas las mujeres son pornolectoras», pero aclara que «de forma obligada desde que el libro se convierte en mercancía».

«Todas las lectoras lo somos, sin excepción», aseguró la autora italiana en la presentación de su libro, porque esos arquetipos que se crearon a mediados del siglo XVIII, con la Revolución industrial y la novela como industria cultural, llegan heredados hasta nuestros días, «en los que las mujeres son las que más leen pero, también, las mayores víctimas de un mercado editorial machista». Una mujer lectora que para Francesca Serra nació de forma más compulsiva y voraz que intelectual.

«La mujer tiene ya a mitad del siglo XVIII una iconografía muy concreta. Se trataba de mujeres que estaban leyendo casi desnudas, en ropa interior encima de la cama, y viendo esto me di cuenta de que se trataba de una alegoría perfecta», añade. Y explica: «Las mujeres no sólo leían con la inteligencia sino con otras partes de su cuerpo, con sensualidad y para comerse el mundo a bocados, porque así lo alimentaba ya el mercado, mientras que los hombres leían tratados, poesía u otros textos». Una imagen, la de estas mujeres, que, en opinión de la autora, se ha heredado hoy. Y de ahí el título irónico de su libro «Las chicas buenas no leen novelas».

El título hace referencia a una frase de Rousseau que decía que ninguna mujer virgen debería leer novelas, porque él consideraba que una mujer cuando leía una novela perdía su virginidad, aclara la autora. Serra sostiene que la imagen de la mujer «pornolectora» tiene su máximo apogeo en el siglo XIX, con «Madame Bovary», escrita por Gustave Flaubert en 1857. «Emma Bovary reúne las tres condiciones, es adúltera, consumidora y lectora voraz. Al final, se suicida. Y luego llegamos a Marylin Monroe que representa la quintaesencia de mi planteamiento, con esa imagen que ha traspasado el mundo, leyendo el Ulises de Joyce».

«La chica de la novela de Joyce a quien hemos conocido es, ante todo, una gran consumidora. Soñadora, lectora y masturbadora. Y sobre todo Gerty MacDowell es una sugestionable adolescente de su tiempo que devora noveluchas y publicidad movida por un deseo omnipotente de consumo erótico», escribe Serra.

Una fiesta del consumo que hoy se ejemplifica con el fenómeno comercial de las «50 sombras de Grey». «Este y otros libros que están publicando de forma veloz las editoriales para atrapar lectoras, serían el final del camino, en el que las lectoras se han convertido realmente en consumidoras de porno blando o ligero, y es aquí donde emerge el estereotipo de aquellas mujeres», afirma.

La crítica italiana asegura que no es optimista el panorama y que esto tardará en cambiar, porque es una circunstancia que está muy arraigada en el sistema comercial del libro, que es muy fuerte y muy machista. «Además, a las propias mujeres les cuesta cambiar. Este libro pretende poner un espejo para que las mujeres puedan mirarse, pero no les gusta lo que ven».

«En el mundo de la edición trabajan muchas mujeres, incluso suele estar dirigido en muchos casos por mujeres, pero éstas repiten los mismos modelos y estereotipos para ganar dinero. En realidad es una operación de marketing que empezó hace tres siglos», argumenta.

Agencia EFE

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