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De la fuga "artesanal" a los poderes que hablan a Macri
María Eugenia Vidal junto a Cristian Ritondo, de Seguridad, el vice Daniel Salvador y Carlos Mahiques, ministro de quien dependen las cárceles.
Fernández, cuando era jefe de Gabinete de Cristina de Kirchner y precandidato a gobernador K, remitió la nota con el exclusivo objetivo de hacer responsable a Casal, ministro de Justicia de Daniel Scioli, que habitaba la misma boleta del FpV que el quilmeño, por cualquier evento o inconveniente que pudiese ocurrirle a Lanatta. Incluso la muerte.
Aquella correspondencia legal, cuya existencia engrosaba los legajos secretos de la interna peronista, pareció adquirir otro volumen cuando ayer Fernández repitió idéntica advertencia a María Eugenia Vidal, su duelista y vencedora. El multiministro puso, al igual que abogados y familiares de los prófugos, el dedo en la llaga de la intriga cuando dijo que el Gobierno de Vidal debe garantizar que los prófugos aparezcan con vida. ¿Estarán, los Lanatta -y Víctor Schillaci, el tercero del clan- más seguros afuera del penal que dentro de éste?
Anoche, los investigadores daban por hecho que Schillaci se había separado de los Lanatta y deslizaban detalles sobre la existencia de un dispositivo logístico costoso y de emvergadura para la escapada. Como el rastrillaje de las huellas se vuelve difuso, tomó cuerpo la tesis de que pudieron haber escapado en una avioneta que los esperó en un campo vecino, amparados en la noche. Los 40 teléfonos que se "pincharon" y el sketch de autos destartalados y armas de juguete parecen, dicen en La Plata, jugar con la idea de una fuga artesanal, casi de juvenilia, que nada tendría que ver con lo que efectivamente ocurrió la madrugada del domingo.
Si intervino para la fuga una estructura mafiosa, ¿cuál de las que tienen intereses en la provincia operó para tener a Lanatta en libertad? Vidal, en su conferencia de ayer, se concentró en la novela sobre la existencia de complicidades dentro del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). El relato de la gobernador deja implícitas solo las hipótesis, si se quiere, más inocentes: la brutal impericia del personal del penal y el desdén a una tarea sencilla -la jueza dijo que no autorizó que se reduzca la custodia-; o una picardía cuentapropista de personal del SPB, motivada por la presunción de cesantías y remociones exprés a raíz de la "emergencia".
Es curioso: recién ayer, César Albarracín, el funcionario que durante seis años manejó políticamente el SPB, y el nexo con "los candados", como se llama en la jerga a los penitenciarios, retiró sus pertenencias en el despacho del Ministerio de Justicia a pesar de que presentó la renuncia el 23 de diciembre.
El kirchnerismo volvió, por su lado, a jugar la ficha densa de la sospecha: que existió una especie de pago de gentilezas a Lanatta porque sus dichos enturbiaron la campaña bonaerense y, según la interpretación maniquea de dirigentes y militantes, volcaron la suerte electoral a favor de Vidal. A los ultra-K le gusta creer que la culpa de la derrota fue de otros. De Scioli, de los que denunciaron a Aníbal F., del peronismo ortodoxo, como si en todas y cada una de esas apuestas no hubiese estado la mano todopoderosa de Cristina.
Fuera de esa frecuencia mágica flotan preguntas más urgentes y temerarias. ¿Por qué, de los 35 mil reclusos que cobija el SPB, la fuga que hizo debutar a Vidal en el fango bonaerense fue, justamente, la de el recluso taquillero y de alto rating que es Lanatta? Entender que ese episodio no podría pasar inadvertido pone de relieve hasta dónde pueden llegar las coberturas e impunidades.
"Vidal no hizo un gabinete para la batalla. Salvo Ritondo, todos los demás parece que vienen a gobernar un principado europeo", interpretó, crudo, un hombre del peronismo que habla con el vidalismo, le acerca soluciones y oficia, por momentos, de lazarillo en la inmensidad kafkiana bonaerense. Un exministro de Scioli saludó a Federico Salvai, el ministro de Gobierno de Vidal, y timón político del vidalismo naciente, con un diagnóstico simple y tremendo. "En la provincia te despertás con malas noticias y te vas a dormir con malas noticias. Siempre: no hay nada para lucirse".
El sábado Vidal se acostó con la única preocupación de un peronismo disperso que le negocia desde tres ventanillas en la Legislatura y despertó, pasadas las 2.30 am, en una pesadilla que todavía la persigue. El expediente puede marcar su destino político. Si la fuga no se clarifica y los prófugos no aparecen -y con vida, como advierte Aníbal Fernández- los movimientos iniciales de la dama de Morón estarán surcados por la debilidad y, peor aún, la inhabilidad para advertir a tiempo la dimensión y complejidad del continente que pretende administrar.
Al pedir un endeudamiento de 109 mil millones, deuda récord que luce invotable para sectores del FpV/PJ, Vidal tomó una determinación osada: sacarle a Mauricio Macri, su jefe y protector, el peso de tener que "financiar" con recursos de Nación, como hicieron Néstor y, en menor medida, Cristina de Kirchner, el rojo provincial. Esa autonomía, que alguien podría traducir como un sutil desafío al Presidente, se frustra con el Lanatta-gate que refrenda la leyenda de que todo lo que arde en La Plata contagia sus llamas, siempre e inevitablemente, a Casa Rosada. Es Macri, más que la propia Vidal, quien está urgido por darle orden, lógica y solución a la crisis. El poder, el visible y el turbio, es verticalista: siempre le habla al jefe.


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