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De Narváez ganó la provincia y clausuró el ciclo Kirchner
Francisco de Narváez festeja su triunfo, acompañado por Mauricio Macri y Felipe Solá.
Cinceló, en el festivo búnker de Costa Salguero, la dimensión de la victoria: proclamó, anticipadamente, a Macri para «liderar un espacio político para el proyecto nacional». Traducción: postuló al jefe porteño como candidato presidencial para 2011.
Un gesto: sepultó, siquiera por ahora, la hipótesis de que una victoria sobre Kirchner podía tentarlo con disputar él mismo la sucesión de Cristina de Kirchner. En ese instante, ratificó su proyecto de pelear en dos años por la gobernación de Buenos Aires.
Macri hizo lo suyo. «Le pido a la señora presidente que escuche el mensaje de los argentinos y convoque, mañana mismo, a la pacificación y la unificación». Unos minutos antes, el jefe de Gobierno porteño había sumado al podio de los ganadores a Gabriela Michetti.
Piso 19
A esa hora, entregado, pero endemoniado, Kirchner rastreaba en otros la razón de una derrota que tiene un único padre: él. Condenó a los intendentes del PJ, que indujeron, o simplemente no pudieron frenar, la andanada de corte de boletas contra el patagónico.
La estructura peronista no pudo atajar el rechazo al ex presidente. Sólo le regaló una victoria en el conurbano sur. Kirchner cayó en el Oeste y el Norte y fue vapuleado en el interior bonaerense: una factura tardía, pero implacable, por el conflicto con el campo.
En el conurbano se destruyó la lógica histórica. El «no» a Kirchner fue más fuerte que el meneado respaldo a los intendentes -45 de ellos fueron candidatos testimoniales-, lo que tiró hacia abajo las listas locales.
A las 23, se encerró en la suite del piso 19 del InterContinental con su esposa, Cristina, el gobernador Scioli, el vice Alberto Balestrini, Sergio Massa y Carlos Zannini. Entre lamentos y reproches sorprendió el lloriqueo de la Presidente.
En ese caos de culpas y desprecios, se diseñó -se intentó diseñar- una versión de la derrota. Se evaluó que el ex presidente hable por TV. Scioli, optimista empedernido, propuso un mensaje conciliador. Quince minutos después, el gobernador abandonó el apart.
Puertas adentro, un decálogo de maldiciones. El traspié en la natal Santa Cruz, la derrota personal en Buenos Aires y un dato, todavía incierto, que llegaba de Santa Fe: la supervivencia de Carlos Reutemann y su entronización como plan B del peronismo.
Detalle
Recién a las 2 de la mañana se plantó ante la TV, aceptó la derrota -«perdimos por un poquito»- y anunció que trabajará para «consolidar la gobernabilidad». Dio un paso más: «Vamos a seguir trabajando para consolidar el proyecto para 2011».
¿Giran los ojos del PJ hacia Santa Fe? Parece inevitable. Scioli, sin embargo, espera salir herido, pero no sepultado, de la derrota. El peronismo trataba, anoche, de ordenar las ideas. Un grupo pedirá hoy lo que parece obvio: que Scioli continúe como gobernador.
Detalle: Scioli hará un llamado a la oposición.
La ola nacional anti-K -perdió en 12 provincias- lo diezma en el Congreso: el 10 de diciembre quedará con menos de 100 diputados. El resto de su mandato, Cristina lo transitará con un Parlamento, si no hostil, al menos no obediente. Kirchner deberá aprender a negociar.
Se diluye otra especulación. La hipótesis de que luego de la elección, el peronismo se unificaría -y ampliaría el espacio K- quedó, como mínimo, en suspenso.
Es más: la sangría puede ser inversa.
Anoche se planeaba el día después. Una opción jamás imaginada cuando Kirchner confió que, tarde o temprano, llegaría una andanada de votos peronistas del conurbano profundo para cimentar su fantasía de un tercer mandato presidencial K.
Nunca llegaron.


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