28 de octubre 2009 - 00:00

De Narváez resignó su plan Olivos para calmar a Macri

Eduardo Duhalde, Julio Cobos, Felípe Solá
Eduardo Duhalde, Julio Cobos, Felípe Solá
El lunes al mediodía, Francisco de Narváez incineró, a modo de ofrenda o claudicación, su aventura presidencial. Lo hizo frente a Mauricio Macri, a quien le prometió que sólo se dedicará a trabajar para ser gobernador y le juramentó una lealtad talibán.

El porteño paladeó el episodio en sus dobleces más contundentes, pero también en los detalles pueriles, mínimos, como que el empresario se arrimó hasta su despacho. Disfrutó otro manjar: la retirada de De Narváez fue producto de una maniobra macrista.

Macri había hecho soplar al oído del bonaerense que la pretensión de testear en la Corte la probabilidad de ser candidato presidencial en 2011 podría activar un búmeran: que le embarren, incluso, la posibilidad de ser candidato a gobernador.

El PRO, se sobrentiende, no sería ajeno al intríngulis judicial que De Narváez superó en 2007 porque Daniel Scioli padecía flojera de papeles. Un hipotético rechazo para ser presidente podría dar lugar a objetar el aval para competir por la gobernación.

«Si te sale mal en la Corte, te pueden tumbar el permiso para ser gobernador», le alertaron al «Colorado». La amenaza fue efectiva: De Narváez entregó el estandarte presidencial, se arrodilló ante un Macri candidato y puso a disposición su ejército.

Recíproco, el jefe de Gobierno le repitió -con más ímpetu que en otras ocasiones- su decisión de ser candidato presidencial. Lo hizo, en parte, para trasmitirle a su socio que no se quedará si postulante nacional en 2011. También para que deje de coquetear con Julio Cobos. Eso es, al menos por ahora, imposible.

Riesgo

La solidez de esa afirmación amontonó, además, otros elementos. El más contundente es que Macri tomó, más allá de los festejos de la noche de 28-J, como una alerta preocupante el resultado en la Capital que lo llevó a detectar un alto riesgo si pretende reelegir.

Un eventual balotaje porteño, admitió en un rapto de sinceridad el ex presidente de Boca, podría convertirse en una cuesta empinada. Soportó, sin luces, el primer tramo de la gestión y tendrá que atravesar otros dos años, limitado y con baja expectativa.

La charla de lunes tuvo, además, un objetivo ordenador. Así como Macri rastrea, ansioso, operadores para que sostengan su candidatura en las provincias, De Narváez corregirá su agenda -en el último tiempo, muy nacional- y se concentrará en Buenos Aires.

Promotor

El porteño entrevé que el promotor del ensayo presidencial de De Narváez -que este el lunes, en el mano a mano, prometió archivar- es José Luis Manzano, socio mediático del empresario-diputado. Sobre el mendocino, Macri derrama baldazos de lluvia ácida.

El procedimiento de alineación operó, también, hacia dentro del propio macrismo. Un grupo del PRO porteño, de ADN peronista, que comandan Cristina Ritondo y Daniel Amoroso -de múltiples extensiones- había iniciado, según detectó Macri, una progresiva mudanza de lealtad hacia De Narváez.

La promesa del ganador del 28-J bonaerense de limitarse a la indomable Buenos Aires tensa, además, la convivencia con Felipe Solá, el otro candidato presidencial del trío Unión-PRO, obsesionado en estas horas por desactivar las versiones de que pretende quedarse con la butaca de Eduardo Fellner en Diputados.

De rebote, daña a Eduardo Duhalde, quien comenzó a perforar el armado peronista de De Narváez -le arrebató a Alfredo Atanasof- con el argumento de que el empresario saltaría al ring nacional. Ahora, el diputado volvió a mirar el mapa minucioso de la provincia.

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