1 de febrero 2011 - 00:00

De Vido-Moyano, usina que busca incidir en listas K

Julio De Vido
Julio De Vido
En otros tiempos, desde el Olimpo de Olivos, Néstor Kirchner digitaba -y fiscalizaba- los movimientos de cada uno; a la vez, tercerizaba los vínculos y, cada tanto, en un ejercicio de jefatura implacable, dinamitada de manera premeditada la empatía entre Julio De Vido y Hugo Moyano.

Pero ahora, sin la mirada panóptica del expresidente, el ministro y el jefe de la CGT entablaron una rutina de diálogo y operaciones a dúo que, además de la mediación ante Cristina de Kirchner, incluye un plan para instalar figuras de cara al armado de listas.

El eje De Vido-Moyano, sostenido durante los últimos años, se potenció desde la ausencia de Kirchner y avanzó en un terreno que, hasta ahora, jamás había explorado en bloque: unificar galones, caja y estructura para disputar espacios dentro del dispositivo K.

El lanzamiento, en diciembre pasado, de Amado Boudou como candidato a jefe de Gobierno porteño, flanqueado por el ministro y el jefe de la CGT, fue la postal emblemática de la alianza. Pero tiene, en otros territorios, más ejemplos que le dan rango de esquema global.

En unas semanas, Salta elegirá gobernador. Juan Manuel Urtubey rankea, con cierta facilidad, para reelegir. Pero tendrá, delante, a otro competidor peronista: Walter Wayar, que fue vice de Juan Carlos Romero y perdió, en 2007, la disputa por sucederlo.

El 10 de abril, Wayar repetirá el desafío y contará con dos sponsors calificados: De Vido y Moyano que, lejos de ocultar ese respaldo, lo transparentó al ubicar al jefe de Camioneros salteño, Jorge Guaymás, como candidato a vicegobernador de Wayar.

Moyano ejecuta en esa provincia norteña un mecanismo que pretende expandir a otros distritos: aportar la tropa y los recursos de Camioneros a cambio de ubicar a un referente propio en la fórmula pero, sobre todo, capturar renglones «a salir» en el reparto de bancas.

De hecho, en estos días, la CGT negocia lugares para sus caciques en las boletas de legisladores provinciales en Catamarca donde Lucía Corpacci, escoltada por Dalmacio Mera, tratará de desbarrancar al radical, alguna vez K, Eduardo Brizuela del Moral.

En esencia, el plan de Moyano es sumar legisladores. Más allá de la malquerencia que el sindicalismo casi en pleno tiene con Daniel Filmus, el alineamiento del moyanismo detrás de Boudou tiene, como cláusula gatillo, una banca para el judicial Julio Piumato.

Además de Capital y Salta, el eje De Vido-Moyano se embaló en conjunto para posicionar a Rafael Bielsa en Santa Fe. Esa maniobra empezó a descarrilar: le imputan al ex canciller estar negociando con el Peronismo Federal lo que, de facto, le quitará el respaldo del ministro.

Hay más piezas en el ajedrez nacional. Otro moyanista, Adolfo Velázquez, también del sindicato de Camioneros, se prepara para competir por la gobernación de Misiones contra Maurice Closs. Se trata, a priori, de una batalla perdida, pero el plan B no es inaccesible: quedarse con un diputado nacional.

Algo parecido pretende en San Luis: al armado K que encarnan Bergés y el senador Pérsico, que tienen a Juan Carlos «Chueco» Mazzón como terminal en Casa Rosada, le brotó una rebeldía comandada por la CGT local que capitanea el moyanista José Farías.

Ese bloque promociona a un postulante propio para enfrentar a los Rodríguez Saá en el duelo por la gobernación. Intentan la instalación de Juan Accornero, sindicalista de SADOP, gremio que maneja Horacio Ghilini, uno de los llamados «jesuitas» en la interna moyanista.

El atractivo es, también en este caso, la lista de legisladores. La carrera por la vice de Scioli figura en el decálogo de obsesiones de De Vido y Moyano. El ministro sostiene, desde un silencio cada vez menos blindado, a Gabriel Mariotto; el camionero agita el nombre de uno de sus lugartenientes: el canillita Omar Plaini.

Puede, a las apuradas, parecer un cortocircuito. Lo es: el primer acto que tuvo Mariotto, en septiembre pasado, en el que se empezó a fantasear con una postulación nacional, lo montó un clan del PJ ligado a Moyano y contó, en La Plata, con la presencia de Piumato.

De Vido es, en el escalón último, quien administra el portfolio político-económico que incluye a Moyano pero tiene, también, participación en los armados de La Cámpora y, también, de la red que se sostiene desde la ANSES. Terceriza, o dice tercerizar, la relación con Cristina.

Es, entonces, un doble garante: le promete a la Presidente mantener calmo a Moyano y le promete a Moyano que sus inversiones tendrá, cuando se inscriban las listas de candidatos, el rédito esperado. La ecuación entre esas dos «cuentas» no resultará sencilla.

El ministro debería leer sobre la vida de «Bernie» Madoff.

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