Debacle de Sidor, emblema del desquicio estatista de Chávez

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• EN DOS AÑOS SE REVIRTIERON LOS AUMENTOS DE PRODUCCIÓN DE DIEZ AÑOS DE GESTIÓN PRIVADA

Puerto Ordaz - En Guayana lo dicen en voz alta: «Hugo Chávez lleva a Sidor a la quiebra». Faltan pocos meses para que se cumplan dos años de la reestatización de la empresa y los números asustan. La producción cayó el 61%, el 70% de la planta está paralizada y hasta se baraja la posibilidad de que la totalidad de sus empleados se vaya a sus casas percibiendo el 75% de su sueldo.

La empresa, que nació pública en 1953, fue privatizada en 1997, año en que el 60% de ella pasó a manos del grupo Techint. Durante la década «privada», a cargo del consorcio Ternium-Sidor, la administración de los Rocca dio vuelta los números: la producción de acero pasó de 2,4 a 3,9 millones de toneladas entre 1998 y 2007. Un incremento del 59%, después de una década de inversión en tecnología y capacitación. Al chavismo, en cambio, le bastó apenas un año (enero de 2009 a enero de 2010) para revertir ese proceso y catapultar el 61%, pero hacia abajo, la producción de acero líquido. No sería todo: desde dentro de la planta de Sidor y en las empresas que trabajan con ella murmuran que la producción estaría por debajo de 1,6 millón de toneladas anuales.

Las cifras cobran mayor dimensión si se tiene en cuenta que Sidor (Siderúrgica del Orinoco) es un gigante a cuya sombra respiran no sólo Ciudad Guayana (la suma de Puerto Ordaz y San Félix) y el estado Bolívar, sino buena parte de las zonas industriales del norte de Venezuela (las de Valencia y Maracaibo, por caso, donde se asienta el polo petrolero). Ese gigante, de 2.800 hectáreas sobre el río Orinoco (con 87 de ellas techadas), cuyas entradas están ahora custodiadas por enormes carteles de propaganda bolivariana, transcurre hoy sus días casi en silencio. Sidor parece dormido.

«Colapsó la planta», dice con desazón Bulmaro Ramos, directivo de SUTISS y miembro de la corriente sindical Unidad Matancera. Según Ramos, la administración puesta por Chávez en la empresa «inventó una vaina que ahora llaman EmpreSidor, en la que engloban a los 6.500 trabajadores en la nómina más los 10.000 contratados». Preocupado, agrega que esos contratados «llevan 17 semanas sin cobrar».

Otro costado de la «vaina» lo da Marcos Castelli, presidente de Tameca, una fábrica de grandes piezas de fundición, ubicada en San Félix y que hasta diciembre tenía 150 empleados. Con apenas 20 ahora, es una de las tantas que, en stand-by, espera la reactivación de Sidor, su proveedora de materia prima.

«Con Techint, Sidor metía 360.000 toneladas mensuales de acero y ponía u$s 3 millones diarios en circulación, entre contrataciones, compras, además de energía, gas, impuestos e IVA», dice. «Hoy, como empresa del Estado, mete 5 veces menos de acero y encima no paga: yo le vendo a ese Estado, y como no me paga, yo tampoco puedo hacerlo con mis servicios y mis proveedores», agrega.

Como sufrido eslabón de una cadena de pagos rota, Castelli extiende su queja: «Estamos cerrados porque no tengo capital de trabajo y los bancos no prestan, y en mi misma situación está el 90% de las medianas y pequeñas empresas que dependían de Sidor», termina.

Nostalgia

«Todos festejaron cuando Sidor se reestatizó», señala el periodista guayanés Damián Prat. «Es que Techint siempre manejó mal su relación laboral, con demasiada prepotencia», recuerda. No obstante, no sin nostalgia pasa a enumerar glorias pasadas: «En los últimos 5 años de privatizada, Sidor aportó u$s 800 millones al Estado; los accionistas «B» (empleados y jubilados) recibieron u$s 500 millones; el Fondo Único Social, u$s 1.000 millones» (hasta su estatización, Sidor repartía, cada tres meses, dividendos entre sus accionistas/empleados).

La crisis energética también envuelve a Sidor. De los 1.840 MW que van para las empresas básicas de Guayana, 500 las consume la ex de Techint. «En Sidor, lo normal era trabajar con 800 MW pero, por falta de insumos, estábamos en 500», relata a Ámbito Financiero el economista y dirigente de Unidad Matancera José Luis Alcocer. «El Gobierno nos racionó la energía a 300 MW y, no obstante, la crisis nacional continúa», dice.

Ese racionamiento, sin embargo, obligó a que Sidor cerrara las acerías para palanquillas (acero largo, para la construcción) y planchones. Hoy, en la serie de planchones (acero para línea blanca, hojalata) trabaja sólo uno de los cuatro hornos. «Esto afecta a 2 millones de empleos a nivel nacional», explica Alcocer. En cuanto al material para productos planos, «alcanza para una semana más», y, preocupado, agrega que, de trabajar intermitentemente, esos operarios deberán ahora quedarse en sus casas.

Especulación

«Nos plantearon traer palanquillas desde Cuba, y cuando el experto vio lo que era Sidor, tuvo que reconocer que lo de ellos en la isla era una cafetera», dice Alcocer. «Es imposible que Cuba pueda proveer palanquillas para trenes de barra», señala Alfredo Rivas Lairet, el último presidente de Sidor antes de ser privatizada en 1997. «Lo más probable es que las tenga que proveer la propia Techint», especula.

Febrero será otro mes difícil para Sidor. De los u$s 1.970 millones que el Estado venezolano se comprometió a pagarle a Techint en mayo de 2008, se concretaron u$s 400 millones en mayo pasado. Restan todavía cuatro de las seis cuotas trimestrales de u$s 157,5 millones y el pago final de u$s 945 millones en noviembre de 2010. Todos los ojos están puestos en si Chávez cumple con la cuota que vence en febrero. Son tiempos de crisis y de desorden en el Gobierno bolivariano.

* Enviada Especial a Venezuela

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