4 de diciembre 2008 - 00:00

Decepcionada, Picolotti amplía staff de viudas K

Decepcionada, Picolotti amplía staff de viudas K
Ni el tiro del final. A Romina Picolotti no le aceptaron el descargo: a la ex secretaria de Ambiente le rebotaron la nota de renuncia que quiso, no sin una cuota de surrealismo, presentar en Casa Rosada unas horas después de haber sido expulsada.

Formal, breve y descafeinada, la carta no refiere ni a los asuntos ni al tono que la ex funcionaria expuso ante los suyos luego de la sorpresiva «cita de trabajo» que le hizo Sergio Massa y que se convirtió luego en un pedido irreversible de renuncia.

«Decepcionada» fue el término que utilizó Picolotti en referencia a Cristina de Kirchner. Y, aunque barrió en sus quejas a muchos otros actores, centralizó en la Presidente el malestar que enfocó en el tema de la ley de glaciares y la Ley de Bosques.

El veto de la mandataria a uno y la morosa reglamentación del otro -espera turno todavía en Economía- fueron los argumentos que expuso. Nada dijo, sin embargo, de las imputaciones sobre presuntos desmanejos con los fondos de Ambiente, que manejó su hermano «Juancito».

El ciclo Picolotti se clausuró ayer con algún déjà vu y una típica enseñanza peronista: regresa Homero Bibiloni, un pingüino con residencia en La Plata, que estuvo en el área cuando dependía del Ministerio de Salud, que manejaba Ginés González García.

Bibiloni jurará hoy, a las 14.30, sin Cristina de Kirchner, que participará en Chile de homenajes compartidos con Michelle Bachelet por los 30 años del conflicto del Beagle. La ceremonia de asunción de Bibiloni la encabezará, en el Salón Sur, el jefe de Gabinete.

Massa, que vivió el derrumbe de Picolotti como una victoria personal, no pudo sin embargo digitar al reemplazante. Néstor Kirchner, desde Olivos, hace cumplir una de las verdades trasmitidas por tradición oral en el PJ: la que dice que «el que saca, no pone».  

  • Brumas

    Sin explicaciones de Massa ni lamentos de Picolotti, la charla del martes en la Jefatura de Gabinete entre ambos no sirvió para despejar broncas. Por caso, la que el tigrense arrastra por una protesta de Greenpeace que, está seguro, fue alentada por la ahora expulsada.

    La movida de la ONG ambientalista refería justamente a la demora en la reglamentación de la Ley de Bosques, uno de los asuntos que Picolotti citó para declarar su decepción sobre Cristina de Kirchner y que, en el último tiempo, la alejaron de su cargo.

    De hecho, hacía semanas que la ambientalista apenas si pasaba por su oficina. Al punto que desde hace 10 días tenía, le dijo a su gente, redactada la renuncia que ayer no le aceptaron en mesa de entradas. Una revisión tardía, y quizá modificada, de la historia reciente.

    En medio nació, creció y se extinguió la disputa por fondos de organismos internacionales con Julio De Vido y se convirtió en alimento para los críticos la subejecución presupuestaria: hasta noviembre, sólo se gastó 42% de lo previsto. «No por ahorro sino por mal manejo», se admitió.

    El caso Picolotti obliga, en paralelo, a asentar la mirada sobre otros movimientos que se registran en el gobierno y tienen, como matriz común, una pertenencia -en algunos pura; en otros lateral- de los funcionarios en suspenso con Alberto Fernández. Veamos:

  • Desde dos trincheras, históricamente enfrentadas, ayer se habló del mal momento de Graciela Ocaña en Salud, ministerio al que ascendió de la mano del ex jefe de Gabinete. La ministra, que se ha dedicado en los últimos días a hacer comentarios públicos que irritaron a Kirchner, negó que esté, como se dijo, planeando su salida. Ayer se habló, incluso, de una convocatoria de urgencia de sus secretarios -que luego se desmintió- que tenía todo el formato de un amotinamiento. En ese temblor, Ocaña cuenta con la cobertura de Massa, con quien mantiene un vínculo estrecho desde que formaban un dueto de ángeles para la tercera edad: ella en el PAMI, él en la ANSeS.  

  • Este diario contó días atrás sobre el sendero espinoso en el que parece transitar otro albertista residual: Claudio Moroni, titular de la AFIP, enfrenta riesgos eventuales de no ser confirmado en el cargo. Los números de recaudación conocidos ayer -que marcan una suba de 17,6% interanual- merecieron algún reproche porque la previsión que había anticipado Moroni era del orden de 25%. A diferencia de Ocaña, a Moroni lo empujan -hacia afuera- desde la Jefatura de Gabinete.

  • Moroni y Ocaña son dos de los últimos soldados de peso que quedan del albertismo en el gobierno: el otro es Julio Vitobello (SIGEN), sobre quien, al menos por ahora, no hay ruidos positivos ni negativos. De otro rango, Marcela Losardo perdió terreno en Justicia con la llegada de Aníbal Fernández, al igual que Claudio Ferreño (preservó oficina pero no funciones, gracias a un pedido de Kirchner) en el planeta Massa, a diferencia de Juan Manuel Abal Medina, que se convirtió en un pestañeo en un leal al jefe de Gabinete, mutación que Alberto Fernández todavía le factura.  

  • El club de los sobrevivientes -unos en estado de congelamiento; otros tras una mutación- podría sufrir más bajas y se ampliaría el staff de viudos/as K donde se mueven Alberto Abad (ex AFIP), Héctor Capaccioli (ex SSS), Rosario Lufrano (ex ATC) y, entre otros, desde ayer también Picolotti, que se prepara para volver a Córdoba, a su ONG ambientalista.
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