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Del “siga, siga...” y un nuevo récord, Wall St. terminó contra cuerdas
José Siaba Serrate
Nublarse, se nubló rápido. No hubo malas noticias que cargaran con la culpa. El NASDAQ volvió a sangrar, y a esta altura no es novedad. Se reabrió la herida de la biotecnología y de las acciones estrella, las que estuvieron de moda hasta que despuntó marzo. Y la caída precipitada de estos papeles arrastró a los demás.
Un mes atrás, Bill Dudley, el presidente de la Fed de Nueva York, negó que hubiera burbujas en Wall Street pero aceptó la existencia, quizás, de algunos bolsones de excesos. Dudley puso a la biotecnología en la picota al citarla como ejemplo. Adrede o no, fue un antes y un después.
Gracias a ello, la rotación acelerada se convirtió en la regla. De buenas a primeras, los rezagados de 2013 se transformaron en favoritos. Y los papeles glamorosos -pero con una valuación estirada- trocaron en parias. Y conste que Dudley sólo mencionó a la biotecnología (y al precio de los campos, aunque reconoció que estos últimos habían corregido su exuberancia). La lista se extendió por cuenta y orden de una gran susceptibilidad. Así, acciones como Facebook o Tesla entraron en su propio mercado "bear", un declive que supera el 20% desde sus cotizaciones récord. Es una poda notable pero, analizada en perspectiva, sólo recorta la copa de los árboles. No compromete el tronco ni cercena su futuro, tijeretea una frondosidad reciente.
La rotación se apegó hasta ahora al espíritu de los dichos de Dudley. Si no hay excesos generalizados, la Bolsa puede subir. Y los máximos del S&P 500 son una prueba. El cambio de carteras no destruyó valor, no inhibió el ascenso. Tendió más bien a nivelar las valuaciones relativas. Castigó exageraciones y premió retrasos. No es casual que los mercados emergentes hayan levantado cabeza. Que Wall Street no luce regalado es tema de discusión desde el primer día del año. En 2012 y 2013 el retorno total del S&P 500 fue del 54%. La sensación de vértigo gatilló el resbalón de enero -en torno del 5% -. No obstante, era preferible volver a apostar allí -como se hizo en febrero- que en otros activos accesibles pero carentes de "momentum". El drenaje de recursos de los mercados emergentes impuso una doble penalidad: los abarató y los rotuló como intocables. Y, contrario sensu, la búsqueda de valor que movilizó el efecto Dudley no sólo restaura sus cotizaciones sino que también recompuso el canal de las inversiones frescas.
La novedad del viernes fue que, en conjunción con las condiciones más propicias imaginables, la rotación dejó de ser benigna y obró, en cambio, a manera de trépano. El S&P500 cayó el 1,22% tironeado por la retracción del 2,6% del NASDAQ (y este a su vez por la merma del 4% de la biotecnología). Que los sectores más agresivos declinen primero y luego hundan a todos los demás no es sólo una partitura original del Sr. Dudley; es la manera habitual en que mueren los rallys. Marcar un récord con todos los astros prolijamente alineados y trascartón huir a la desbandada instala una sensación molesta en el estómago. Quizás no debiera, pero es así. De forma fría y objetiva puede sostenerse que el cuadro no cambió y que persiste el mercado lateral. Inclusive la semana cerró con un avance del 0,4%. Pero, después de todo lo que se tuvo a mano, la cosecha es magra. Será una victoria pírrica si el ánimo del inversor se resquebraja. Y si bien nadie cree en brujas, mayo espera a la vuelta de la esquina como para ignorar del todo la sombra de la famosa maldición.


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