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Denyce Graves: grande aun fuera del Colón
Denyce Graves
Sin desmedro de las propuestas de otras instituciones privadas y estatales, la temporada del Mozarteum Argentino es la más calificada de este difícil 2009. Prosiguiendo con su brillante actividad acaba de presentar entre nosotros a la gran mezzosoprano norteamericana Denyce Graves junto al exquisito pianista del mismo origen Jerry-James Penna.
Conocida ampliamente por el público argentino, Graves dejó un recuerdo magnífico, hace por lo menos dos décadas, en una festejada interpretación de «Carmen» de Bizet, cuando el Colón era uno de los grandes centros musicales del mundo. Ahora, la cantante que merecía volver a la gran sala, hoy cerrada indefinidamente, debió conformarse con el más modesto espacio del Teatro Coliseo. Aun así, su estupendo caudal vocal apuntalado por una extraordinaria preparación técnica y una admirable actitud dramática la ratificaron como una cantante completa.
Con cambios de vestuario que acentuaron su glamour (negro con chal tornasolado en la primera parte y restallante amarillo en la segunda), Graves comenzó el recital con arias de Haendel (de «Serse» y «Semele»), siguió con Brahms y Richard Strauss, y cerró con los autores franceses Henri Duparc y Camille Saint-Saens: «Danse macabre» y «Mon couer souvre á ta voix». Esta última, una de las arias más bellas de «Sansón y Dalila», cantada con creciente sensualidad, a las que agregó como bises, «Habanera» y «Seguidilla» de «Carmen» con intensa carga pasional.
En la segunda parte, cantó un aria de «Adriana Lecouvreur» (Acerba voluttá), de Cilea y un atractivo set de canciones de compositores norteamericanos como Robert Saari, Aaron Copland, Gene Scheer y los infaltables Negro Spirituals, que interpretó con una gracia y una técnica vocal de primera. Jerry-James Penna desde el piano completó un dúo de altísima calidad artística.

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