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Desafío: un líbero se rebela contra amenazas de Kirchner
Pablo Bruera
Es un desafío, más allá de las formas cuidadas que ensaya Bruera, a la ofensiva que Néstor Kirchner ordenó en su contra. Si el patagónico activó una maniobra admonitoria, para forzarlo a hociquear, el alcalde contraataca con un acto nacional en un estadio porteño.
En frágil y sutil equilibrio, Bruera prefiere elegir como enemigo a Julio Alak -ministro de Justicia y Seguridad de Cristina de Kirchner, y ex intendente de La Plata- y evita, por ahora, descargar lluvia ácida sobre el matrimonio K para no dinamitar los puentes.
«Néstor se equivoca: nosotros no somos el enemigo», repite, como un mantra, ante su tropa. Arriesga, con falso candor -o íntimo deseo- que la cruzada en su contra tiene una usina que no es Olivos; una forma de dar a entender que la avanzada es obra de Alak.
Esa sospecha parece, en estos días, equivocada: Kirchner pretende la ejecución pública de un peronista díscolo y, todo indica, eligió a Bruera como la «víctima propiciatoria» para trasmitir que será implacable con los dirigentes que ensayen movimientos autónomos.
Mea culpa
Presume -con un margen de error incierto- que la sola amenaza forzará una reculada de Bruera como sirvió para que los diputados, que un mediodía de enero descargaron su malestar sobre la mesa de Horacio González en Pinamar, hagan un mea culpa público.
Así y todo, todavía no está clausurada la cacería de «traidores» (según el prisma K) y pende sobre el cuello de Raúl Pérez, jefe del bloque de Diputados bonaerense -y socio platense de Bruera-, la guadaña de Kirchner para apartarlo del cargo.
El patagónico tiene, en ese punto, sintonía fina con Daniel Scioli. La pretensión de Bruera de asomar en el mapa de candidatos puso en alerta a los sciolistas que antes lo veían como un socio menor de Sergio Massa y ahora lo observan como un potencial duelista.
No fue casual, por eso, la aparición del jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, escoltado por tres ministros -Mario Oporto, Ricardo Casal y Oscar Cuartango- en la cena del lunes que los brueristas catalogan de «conspirativa» y «destituyente».
Desafiante, luego del encuentro K en el Hípico de La Plata -estaban Alak, Emilio Pérsico, Carlos Kunkel, «Cuto» Moreno, Ariel Passini, Eric Calcagno, entre otros- mandó a confirmar que, aun en soledad, encabezará un acto en un estadio cerrado porteño.
En principio, se especuló que el show sería en conjunto con otros intendentes del PJ en una especie de «irrupción» de eje crítico bonaerense, entre los que Bruera compartiría tablón con Sergio Massa, alcalde de Tigre y ex jefe de Gabinete de Cristina de Kirchner.
Lanzamiento
Eso está en stand-by -Massa, de hecho, les confió a dirigentes K que él no participará del acto- por lo que Bruera decidió convertir el encuentro en su lanzamiento como referente provincial, un eufemismo de «candidato a gobernador», bajo el sello tentativo de Frente Renovador.
En sigilo, Bruera espera contar con algunos invitados -intendentes y legisladores- pero la señal, para el pulseo platense y para el ring provincial, es hacer un despliegue, dar una señal de audacia y aparecer en el radar del peronismo como una opción para 2011.
¿Cuál es el costo de quedar en el radio de fuego de Kirchner? Quizá menor que el que los K suponen. Aunque no es, para un intendente, inocuo que el Gobierno nacional despliegue todo su arsenal para dañarlo, existe el riesgo de que victimicen y terminen por fortalecer a un disidente.
Es lo que ocurrió, como caso emblemático, con Julio Cobos. Algo similar se produjo, desde otro lugar, con Carlos Lole Reutemann. En algunos casos, la furia de Kirchner suele funcionar, más que como un castigo, como una bendición. Puede ser, incluso, un recurso para «existir».
Por lo pronto, ya siente los sacudones puertas adentro: ayer tuvo que confeccionar un raro esquema de alianzas, entre otros con un felipista, para tener quórum en el Consejo Deliberante luego de que los K partieran el bloque oficial para dejarlo en minoría.
Ayer, se especuló que el diputado Gabriel Bruera, hermano del intendente, abandonaría el bloque del FpV en la Legislatura provincial a modo de represalia. No ocurrió y, según se apuraron en aclarar desde la intendencia, tampoco está previsto que ocurra. En lo inminente.


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