- ámbito
- Edición Impresa
Deuda, espías, Siria y Malvinas: el menú de Cristina hoy en la ONU
Cristina de Kirchner recibió ayer en el Hotel Mandarin Oriental, donde se aloja en Nueva York, al presidente del BID, Luis Alberto Moreno. Fue la primera actividad del día tras haber arribado a la ciudad por la mañana. Hoy hablará a las 17 (hora argentina) ante la Asamblea General.
La Presidente habló a la salida de su encuentro con Dilma Rousseff en el Hotel St. Regis en el que se aloja la brasileña. Allí fue Cristina de Kirchner desde el Mandarin Oriental, el hotel de la zona de Columbus Circle (en una de las esquinas de Central Park) que elige para su estancia en Nueva York desde el fallecimiento de Néstor Kirchner.
En esas declaraciones adelantó, como se preveía, que la situación de la deuda y los juicios con los holdouts en la inminencia de un pronunciamiento de la Corte Suprema de los EE.UU., que comenzará a analizar el próximo lunes la apelación que presentó la Argentina, estarán hoy en el discurso que pronunciará ante la Asamblea General de la ONU.
La Presidente hablará allí por la tarde en el turno 15. Por la mañana, como es costumbre, el debate lo abrirá Rousseff, por el lugar que le corresponde a Brasil, y luego Barack Obama.
En el mensaje también volverá a insistir, como cada año, con el reclamo por la negociación con Gran Bretaña sobre la soberanía en Malvinas, habrá una mención sobre la situación de la causa AMIA (tramo del discurso que se guarda con más celo), solidaridad con Brasil por el espionaje estadounidense en Latinoamérica y sobre la situación en Siria y la participación del Consejo de Seguridad.
Este último punto fue adelantado por la propia Cristina de Kirchner cuando ayer declaró a la prensa a la salida de la reunión con Rousseff: "Necesitamos un mundo más democrático en serio. No se puede vivir en un mundo donde todo dependa de lo que resuelvan una o dos personas".
"El mundo estuvo en vilo y una población como la siria estuvo en vilo durante mucho tiempo a la espera de lo que resolvían dos o tres países", dijo la jefa de Estado. "Las cosas hay que cambiarlas. ¿Qué hubiera pasado si Estados Unidos y Rusia no llegaban a un acuerdo?".
El primer encuentro de la Presidente ayer, en el inicio formal de su visita a Nueva York, fue con el presidente del BID, Luis Alberto Moreno. "Me estuvo contando todos los temas de cómo quiere ir mejorando la competitividad del Norte Grande", dijo el funcionario.
Un poco más tarde, la Presidente se trasladó al St. Regis para el encuentro con Rousseff. La acompañaban Héctor Timerman, Cecilia Nahon, embajadora ante EE.UU., Carlos Zannini y Alfredo Scoccimarro. Por Brasil se sumaron el canciller Luiz Alberto Figueiredo; el ministro de Industria, Fernando Pimentel; el asesor presidencial, Marco Aurelio Garcia, y el gobernador de Bahía, Jaques Wagner.
Figueiredo fue quien les comentó a Timerman y a Cristina de Kirchner la semana pasada, durante su primera visita al país como nuevo canciller, sobre las protestas en su país por las trabas a las importaciones brasileñas que aplica la Argentina.
"Fue una excelente reunión, como todas las veces que nos reunimos con Dilma. Hemos charlando sobre los temas de la región y de la reunión del G-20 sobre la que no habíamos tenido la oportunidad de charlar. Mañana Dilma abre la sesión y vamos a esperar con atención su discurso", dijo la propia Cristina de Kirchner ayer a la salida del encuentro. En ese momento Barack Obama y su mujer Michelle recibían en el Hotel Waldorf Astoria a todos los jefes de Estado que participan de la Asamblea General en la clásica recepción que da el Gobierno de los Estados Unidos.
En lugar de marchar hacia allí Cristina de Kirchner volvió al Mandarin Oriental, donde se reunió con el empresario Eduardo Eurnekian, integrante del Council de las Americas. Eurnekian, como presidente de la Fundación Raoul Wallenberg, junto con Baruj Tenembaum, fundador de esa organización, se había reunido más temprano con Ban Ki-moon, al que le presentaron una carta de la fundación dirigida a "líderes de las principales democracias industrializadas", donde se pide el cierre de este caso emblemático de desaparición hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. La intención es que Vladimir Putin abra los registros sobre la desaparición de Wallenberg, diplomático sueco que salvó desde Hungría a cientos de judíos de la Gestapo, y su chofer hacia 1945 tras ser arrestado por el Ejército ruso.


Dejá tu comentario