21 de enero 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», para quien, si el ritmo de pérdidas que está generando la crisis sigue como hasta ahora, el sistema financiero estará quebrado pronto. Además, señaló que «el capital que se inyecta se diluye luego a gran velocidad. La hemorragia de pérdidas no cesa».)

Periodista: Regresa la zozobra de los bancos. A pleno.

Gordon Gekko: Se sabe que es una novela de suspenso. Que no se agota en pocos capítulos.

P.: Es una situación muy complicada. Sin embargo, diez días atrás, una convulsión semejante parecía remota.

G.G.: En temporada de tormentas, no se engañe por la calma chicha.

P.: En su estreno, le toca a Obama bailar con la más fea.

G.G.: No deberían quedar dudas. Para un político, no deja de ser una ventaja que se demarque la herencia recibida con claridad.

P.: Pero tendrá que remontar la cuesta si aspira a mantener el predicamento.

G.G.: Es un desafío mayúsculo. Máxime si se considera que lo peor de la crisis todavía no pasó.

P.: Vayamos al grano: ¿el sistema financiero internacional está quebrado? ¿O es una exageración?

G.G.: A este ritmo de pérdidas, lo estará pronto.

P.: A menos que obtenga nuevo capital.

G.G.: Como ocurrió en octubre y noviembre. Lo dramático es la incapacidad de conservarlo.

P.: La erosión de la crisis es pertinaz. No da respiro.

G.G.: Es lo que arrojan los balances. Y eso que, a esta altura, nadie espera que los estados contables revelen toda la dimensión de los destrozos.

P.: Sin embargo, son los balances los que provocan el revuelo.

G.G.: Es que, como muestra, basta un botón. La contabilidad no acercará una medición precisa (ni mucho menos), pero no puede ocultar la tendencia de fondo.

P.: ¿Será posible acceder a una masa de capital fresco que pueda compensar la oleada de quebrantos recientes?

G.G.: Lo logró Bank of America. Lo mismo el Royal Bank of Scotland (RBS) en Gran Bretaña. Después de la experiencia Lehman, el Estado es el capitalista de última instancia.

P.: ¿No hay inversores privados dispuestos a tomar una posición?

G.G.: Cuando ocurre un cataclismo, lo usual es no encontrar compradores de apartamentos. Pero los hubo. Entre ellos, los dos que acabamos de nombrar. Bank of America adquirió Countrywide y Merrill Lynch. RBS se quedó con una tajada importante de ABN AMRO. Son esas transacciones las que hoy les causan los mayores dolores de cabeza.

P.: Ya no existe el prurito del riesgo moral. Pero aun volcando toneladas de ayuda oficial -yo diría, una sobredosis de «moral hazard»- tampoco se alcanza una situación de paz duradera.

G.G.: No se produce una sobredosis porque no hay suficiente absorción. El capital que se inyecta se diluye luego a gran velocidad. La hemorragia de pérdidas no cesa.

P.: Señal de que los problemas subyacentes no revierten.

G.G.: En efecto. Están fuera de control. Y hasta que la economía real no se estabilice no cabe hacerse muchas ilusiones de mejoría.

P.: ¿La estatización de la banca internacional de primera línea es la salida a mano?

G.G.: No será posible detener la crisis en el acto. La simple inercia cargará la alforja de los bancos de pérdidas millonarias. Y el capital disponible para afrontarlas es exiguo. Es una encerrona.

P.: El patrimonio contable no es tan magro.

G.G.: Lo que cuenta es la valuación a mercado. Esa es la cuerda que se tensa y ahorca. Provoca la asfixia que obliga a dar respuestas.

P.: ¿Cómo se salva el trance?

G.G.: Si después de Lehman no se considera aceptable que caigan los bancos grandes, para que funcionen, alguien deberá ponerles el pecho a las balas. De manera abierta como en Gran Bretaña. Es decir, tomando la propiedad de las entidades. O solapada. Como prefirió la administración Bush. En un segundo plano, vía suministro de capital preferido y concesión de garantías de crédito. Lo que ocurre es que esta última estrategia se agota a medida que el patrimonio bancario se evapora. A menos que se opte por los subsidios lisos y llanos que, dada la magnitud del problema, deberán ser muy generosos.

P.: ¿La estrategia de crear un cementerio de elefantes -un banco «malo» que acumule los activos tóxicos- no podrá utilizarse como alternativa?

G.G.: Es una variante de la misma realidad. ¿Quién está dispuesto a quedarse con dicha cartera? El Estado es el único candidato a precios que no sean de liquidación (de los activos y de los propios bancos). Como la crisis se profundiza, el árbol de decisiones angosta su copa. Le tocará a Obama elegir qué rama prefiere agitar.

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