5 de junio 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- sobre el mal momento que atraviesan las economías emergentes, en particular las del este europeo. En este sentido, diferenció a Brasil como el único que se ubica en el «extremo del arco». Según explicó, el real brasileño volverá a sus niveles anteriores al inicio de la crisis. «Mucho dependerá de cuánto dure el recreo que nos concede», aseguró.

Periodista: La volatilidad reciente del mercado de divisas ocupó los primeros planos de la información. Pero ¿qué acontece con las monedas de los países emergentes? La apreciación que se observa es muy fuerte. ¿Volvió la entrada de capitales, como si nada hubiera pasado?

Gordon Gekko: La crisis dejó hijos y entenados. La resurrección de las Bolsas fue un bálsamo para casi todos.

P.: Para casi todos. Europa del Este permanece en cuarentena.

G.G.: Sí. Y los países bálticos, en particular, están en terapia intensiva.

P.: América Latina, esta vez, no es el epicentro de ningún reclamo. Todo lo contrario. Está sentada en la primera fila de la recuperación.

G.G.: Así es. En Brasil, inclusive, el presidente del Banco Central pidió calma ante la euforia. Henrique Meirelles salió al cruce del optimismo que desbordan los inversores extranjeros. «Es excesivo», dijo.

P.: El problema ya no son los dólares que se van, sino los que vienen en masa.

G.G.: Hasta mayo el flujo comercial de caja se las arregló para financiar las salidas de capital. El mes pasado hubo saldo favorable en ambos renglones -un poco más de 1.500 millones de dólares en cada uno- totalizando 3.134 millones de dólares.

P.: ¿El imán es la tasa de interés o la Bolsa?

G.G.: El Bovespa, por lejos. Ya trepó más del 60% desde que comenzó el año, medido en dólares contantes y sonantes. Los extranjeros, a través de compras netas, incrementaron su posicionamiento en unos 5.000 millones de dólares en lo que va de 2009.

P.: ¿Volverá el real brasileño a sus niveles previos a la crisis?

G.G.: La tendencia apunta allí. Pero mucho dependerá de cuánto dure el recreo que nos concede la crisis internacional.

P.: Por no decir todo.

G.G.: El Banco Central también juega. Procura suavizar los movimientos. Sus autoridades no sólo hablan; también intervienen en el mercado de cambios.

P.: Prefieren reponer reservas a que la euforia se traduzca de lleno en una apreciación del tipo de cambio.

G.G.: Correcto. El Banco Central compró 2.700 millones de dólares en mayo. Hubo un día, el pasado 22, en el que las autoridades adquirieron 1.200 millones. La posición de reservas internacionales volvió a superar los 205.000 millones de dólares. Faltarían 2.000 millones para retornar al umbral anterior a la crisis.

P.: Brasil se ubica en un extremo del arco de los emergentes. Protagoniza la situación más favorable. ¿Qué país está en las antípodas?

G.G.: Islandia ya explotó. Es historia conocida. De los que siguen en la pelea, me quedo con Latvia. El miércoles fracasó totalmente con una subasta de deuda pública. Quedó desierta. Las tasas interbancarias se dispararon por encima del 25% y su moneda -el lat- es el foco de una corrida feroz. Como ve, todo lo contrario a Brasil.

P.: Latvia mantiene una paridad fija con el euro. Y si se ve forzada a devaluar, sus planes de acceder a la eurozona se harán añicos. Quizás, como le sucedió a Gran Bretaña, definitivamente.

G.G.: Los tres países bálticos están en la misma situación. Si vuelca Latvia, Estonia y Lituania no tienen escape.

P.: ¿Cómo resistir? Su situación financiera y de endeudamiento externo es penosa. Y la crisis económica los castigó de lleno. El producto bruto, en forma efectiva, sin anualizar tasas, cayó entre un 15% y un 20%.

G.G.: Un 12% en Lituania, un 16% en Estonia y un 18% en Latvia. La situación ya era muy delicada el año pasado y se zanjó con el auxilio de un paquete liderado por el FMI, que acoplaba fondos de la Unión Europea y de varios países nórdicos.

P.: Habrá que echar mano a un refuerzo.

G.G.: Es probable. Se puede salvar el incumplimiento de las metas y anticipar un desembolso del préstamo. Serían 1.300 millones de euros. Por eso la coyuntura todavía no explotó. Pero será un parche temporario.

P.: ¿No va a funcionar?

G.G.: Si uno mira el resto del mundo, verá que regresan los muertos vivos. Nada es imposible. Pero aun así, esto parece pedir demasiado. Lo que creo es que igual se intentará. Latvia milita en el ERM II, el purgatorio cambiario previo a la entrada plena a la zona del euro. En forma unilateral, cuando soplaban vientos mejores, decidió imponerse una banda de flotación muy restrictiva (+1%/-1%) en torno a su paridad central con el euro. Eso se puede flexibilizar a +15%/-15%...

P.: Me emociona. Me trae nostalgias de la crisis europea de 1992. Cuando la libra esterlina y la lira italiana fueron eyectadas del ERM II.

G.G.: Ésta sería una apelación a la solución francesa. ¿Se acuerda?

P.: Fue el truco que urdieron franceses y alemanes para que los especuladores no se llevaran puesto también al franco.

G.G.: Y con él, al sueño de la moneda común.

P.: ¿Funcionará? ¿Bastará con una depreciación del 15%?

G.G.: Tener la certeza les costará algún dinero adicional al Fondo y a Europa. Después de escucharla a Ángela Merkel, uno debería dudar. Pero será una decisión para tomar a último momento. Con un ojo puesto en cuán sólido esté el mundo (léase Europa) para soportar el chubasco.

P.: Es una situación binaria. O termina a la francesa -como si el problema hubiera sido sólo un malentendido- o, caso contrario, con un final dilatado, pero a toda orquesta. Con el estrépito de las crisis latinoamericanas. En cuyo caso, conviene preguntarse por el contagio.

G.G.: La suerte del lat arrastra hoy a todas las monedas de Europa oriental. No se salvan ni Hungría ni Polonia. Con ramalazos que llegan a Croacia o Serbia, fuera de la Comunidad. Hay mucho en juego. La Unión Europea está metida de lleno en el asunto. De estos sucesos dependerá el perfil futuro de la integración monetaria. Y también los países nórdicos tienen baza. Dinamarca, Noruega, con Suecia a la cabeza.

P.: Son sus bancos los que están comprometidos.

G.G.: Tal cual. La corona sueca también flamea con las noticias de Latvia.

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