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Diálogos en Wall Street
Se abrió la Caja de Pandora y no pasó nada terrible. Pero la tapa no fue devuelta a su lugar y los riesgos persisten. ¿Qué pasará, entretanto, con el rally de las acciones? Gordon Gekko, el sosias de un veterano analista de los mercados internacionales, afirma que la embestida no se detendrá a pesar de los peligros y del agravamiento que la turbulencia petrolera induce en las dificultades de arrastre.
Gordon Gekko: No se detiene. Tampoco la revuelta.
P.: La eyección de Mubarak fue una oportunidad de compra. ¿Ocurrirá lo mismo cuando sea el turno de Gadafi?
G.G.: No venda la piel del oso hasta haberlo cazado.
P.: No lo doy por hecho. Pero los mercados anticipan. Y parecen relamerse.
G.G.: Es así. Estamos jugando con fuego y no nos hemos chamuscado. La reacción mezcla el alivio con el regocijo. Pero los riesgos persisten. Se abrió la Caja de Pandora y no pasó nada terrible. Sopla, más bien, un inédito ventarrón de aspiraciones democráticas. Pe- ro, no se equivoque, tumbar gobiernos no significa haberla tapado nuevamente.
P.: ¿Cuán dañino puede ser el trastorno que ya se ocasionó en los mercados de crudo? ¿Alcanzará para descarrilar la recuperación? ¿Atizará la inflación más allá de lo tolerable? ¿Obligará a los bancos centrales a tomar cartas en el asunto?
G.G.: No es más que una anécdota. Negativa, pero de alcances limitados. Si el dominó de las protestas concluyera en Libia, diría que los inconvenientes serían fácilmente reversibles en no mucho tiempo.
P.: El problema es la dinámica del proceso político. Su aceleración. La falta de contención.
G.G.: Su extraordinaria capacidad de contagio. Está claro que dejará como residuo una mayor prima de riesgo.
P.: No se nota demasiado. Wall Street resopla de nuevo.
G.G.: Lo notará cuando se agote la embestida que comenzó en septiembre y los inversores revisen su predisposición a tomar riesgos.
P.: Las tasas largas se desplomaron con los sucesos de Libia. Fueron la contracara de la Bolsa. Pero ahora que las acciones repuntan, los bonos no acusan recibo. La tasa de diez años permanece en las cercanías del 3,40%. ¿Cómo se entiende esta dualidad?
G.G.: No es la única contradicción aparente. ¿Habrá visto el comportamiento del dólar?
P.: También. Se buscó refugio en los bonos del Tesoro, pero no en el dólar. El euro, lejos de hundirse, se fortaleció. ¿Tiene sentido?
G.G.: Cuando los temores son de veras profundos usted no observa estas sutilezas.
P.: Los mercados se asustaron, pero no tanto.
G.G.: No corrigieron a fondo. Está claro.
P.: Pero surgió una demanda de bonos del Tesoro que no era previsible, que entró de apuro por la ventana.
G.G.: Digamos que se limó la cresta de las tasas largas. No pienso que haya habido un gran cambio de posicionamiento. La idea de que las tasas largas tenían un recorrido alcista por delante quedó sepultada muy rápidamente.
P.: ¿No es una paradoja? Se dispara la cotización del crudo y se busca reparo en bonos de largo plazo que no ofrecen ninguna protección frente a la inflación.
G.G.: Es una señal de que las expectativas de inflación están bien ancladas.
P.: Operaban en alza desde que se barajó el QE2.
G.G.: Tal cual. Pero no están a la deriva. Volvieron a ubicarse en el centro de un rango moderado gracias al QE2. Y ahora, por más que uno fustigue al precio del petróleo, no se apartan de allí.
P.: No prendió todavía el temor a la estanflación.
G.G.: Es evidente. Y a la hora de reflejar en la balanza cuál es el riesgo mayor, el fantasma de la recesión pesa más que la inflación.
P.: ¿Cómo justificar la queda del dólar frente a las principales divisas? EE.UU. no resultará más perjudicado que Europa si el Magreb se descontrola.
G.G.: Eso está fuera de discusión. Europa está a dos pasos del ojo del huracán. Es su petróleo el que está en danza, su seguridad la que está más amenazada al igual que sus fronteras.
P.: ¿Sus fronteras?
G.G.: Si hay desplazamientos de personas, deberá lidiar con toda la presión migratoria.
P.: Entiendo. ¿Cómo diablos es que el euro aprovechó la contingencia para sacar fuerza de tantas flaquezas?
G.G.: Como le decía, hay una visión rosa de los acontecimientos. No niego que exista preocupación, pero en los hechos no se traduce en una reacción significativa. No todavía. ¿Por qué sube el euro? ¿Y por qué no? Es simple arbitraje de tasas.
P.: De tasas de corto plazo.
G.G.: Tal cual. La fuerza que ya estaba al comando antes que se agravara la tensión en el norte de África. La brecha de tasas de interés favorece al euro y tiende a ensancharse cuando surge este tipo de turbulencias porque, es obvio, el BCE tiene un sesgo más «deflacionista» que la Fed.
P.: ¿Cree que el BCE puede responder a la suba de petróleo con un aumento de tasas?
G.G.: No. Y si lo hiciera, ¿cuánto duraría? Sería encender la mecha de la crisis europea otra vez. No digo que no vaya a ocurrir, pero no pienso que el BCE se ofrezca como voluntario a lo bonzo.
P.: La vorágine del mundo árabe tapó los problemas de la periferia de la eurozona. Pero no los disipa.
G.G.: Lo último que necesitaba Portugal, y sus compañeros de calvario, era un zafarrancho petrolero y el consiguiente shock adicional sobre su balanza de pagos. Con un euro en alza, ya tiene el moño de regalo.
P.: Pero no se escucha mucho griterío.
G.G.: Como le dije, mientras el rally dure, lo demás es accesorio. Cuando se avizore que ya se le exprimió todo el jugo a la naranja es cuando tallarán las dificultades de arrastre.
P.: ¿Será en marzo?
G.G.: Los romanos, afectados por la suerte de Gadafi, dirán que habrá que cuidarse de los idus de marzo. Pero el conocido refrán bursátil le extiende el horizonte a mayo.


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