11 de mayo 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Cómo quedaron parados los mercados luego del fuerte temporal que azuzó a los activos de riesgo? ¿Qué fue lo que produjo el temblor? ¿Hasta dónde pueden bajar las tasas largas? ¿Sigue en pie el rally de las acciones? El experto en mercados internacionales que pasa por Gordon Gekko, el protagonista de «Wall Street», se afana en ensayar una respuesta a todas estas inquietudes.

Periodista: ¿Se calmó el chubasco?

Gordon Gekko: En efecto.

P.: No fue tan fuerte sobre las acciones como en el caso de las materias primas.

G.G.: El vendaval era el mismo. Unos resistieron mejor que otros.

P.: Le pregunto lo mismo de otra manera. ¿Por qué los precios de los commodities se hundieron mucho más que los de las acciones?

G.G.: El pedal es mayor. Significativamente.

P.: ¿Cuál fue la razón de la caída generalizada? ¿La endeblez de los fundamentos que impulsó la suba previa o el aumento de las exigencias de garantías que propició la Bolsa de Chicago?

G.G.: La clave fue el aumento de la aversión al riesgo. Mire aquello que subió de precio, o sea, la contrapartida del movimiento. ¿Qué activos se beneficiaron? Las obligaciones del Tesoro. En todos sus plazos. El dólar. Se apreciaron las fichas «seguras».

P.: ¿No se penalizó acaso la suba pronunciada de las acciones y los commodities?

G.G.: Los bonos del Tesoro están subiendo desde febrero. Y ello no impidió que subieran aún más.

P.: Pero acciones y commodities vienen trepando sostenidamente desde que se anunció el QE2. Es un avance que va a cumplir nueve meses.

G.G.: Ya lo hemos conversado. En la medida en que se acerca el final del QE2 habrá que repensar las apuestas riesgosas. Deberán defenderse por sus propios méritos.

P.: Tome el caso de la plata. Su embestida fue furibunda. Difícil de justificar sin forzar argumentos extremos. Pero la Bolsa de Chicago, a su vez, practicó cinco ajustes sucesivos de los márgenes de garantía para operar en contratos de derivados sobre el metal. ¿Qué fue lo que gatilló la caída del 27%?

G.G.: De no mediar la exageración de los precios, las autoridades no hubieran insistido en los incrementos de exigencias. Pero como la suba se tornó vertical, aun sin intervención, no se hubiera evitado el espectáculo de un derrumbe. Aunque quizás hubiese ocurrido después de transitar un mayor recorrido. No es fácil desenredar el ovillo. En todo caso, a usted le dispararon por derecha y por izquierda, y no hace mucha diferencia qué bala lo alcanzó primero.

P.: La utilización activa de cambios regulatorios -como estas modificaciones ad hoc de los márgenes de garantía- es una tendencia flamante, que llegó para quedarse.

G.G.: Llegó con esa idea, veremos si logra instalarse. Si hay que pinchar el globo antes de que se convierta en una burbuja (en vez de sentarse a esperar que estalle y luego atajar las consecuencias), creo que el ejemplo de la plata es la primera aplicación concreta del nuevo credo.

P.: No luce muy convencido.

G.G.: No va a ser siempre tan sencillo. Ni tan inocuo.

P.: Pero aquí hay un arma muy poderosa que no se estaba usando.

G.G.: Si fuera tan potente, no habrían sido necesarios cinco retoques. ¿No cree?

P.: Tiene razón.

G.G.: Piense que hacía unas tres semanas que los inversores institucionales estaban reduciendo sus carteras de materias primas. El propio Goldman Sachs -el gurú y, a la vez, uno de los dueños del negocio- alertó entonces sobre la inminencia de una corrección.

P.: El golpe fue duro. Pero no parece haber quebrado la tendencia.

G.G.: Es que no lo hizo. No todavía.

P.: Quiere decir que, en esencia, no se cuestiona la validez del rally de las acciones. O de las mismas materias primas.

G.G.: Tiene el ejemplo del euro. No se sabe qué hacer con Grecia. Ni con Irlanda y Portugal. Y, sin embargo, el euro se mantiene por encima de 1,43. Muy por arriba de la paridad de poder adquisitivo que, a lo sumo, rondará en 1,20. Y eso que Trichet, el titular del Banco Central Europeo, le bajó los decibeles a la amenaza de la segunda suba de tasas de interés.

P.: La pateó para julio.

G.G.: Como mínimo.

P.: También es verdad que el repliegue del precio del petróleo le quitó dramatismo al fantasma de una inflación al acecho.

G.G.: Le quitó la sábana.

P.: La inflación era todo un tema. Y, de a poco, fue perdiendo audiencia.

G.G.: Piense que el QE2 nos iba a llevar poco menos que a la hiperinflación.

P.: Paradójicamente, ahora que la Fed avisó que pasa a cuarteles de invierno -que no habrá un QE3, que no continuará comprando bonos más allá de fines de junio-, las tasas largas no dejan de hundirse. ¿Hasta dónde? ¿Veremos la tasa de diez años otra vez por debajo del 3%?

G.G.: Bastaría con repetir otra semana como la que pasó.

P.: Por fortuna, no es el caso. La recuperación es muy buena, sino completa. Le pregunto concretamente por el rally de las acciones. ¿Sigue en pie?

G.G.: El Dow está a cien puntos de los máximos. O sea, a menos del 1%. Y a muy poca gente le convence la idea de que todavía puede dar otro zarpazo. Ésa es su carta principal.

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