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Diálogos en Wall Street
Europa recompuso su imagen. Wall Street se tomó descanso. En ese recreo, China surge como tema obligado de conversación. ¿Será que se transforma en el dolor de cabeza de 2012? Parate inmobiliario, pérdida de reservas, debilidad del yuan. Son tres ingredientes delicados que antes no figuraban en el menú. Y que nuestro entrevistado, el experto cuyo seudónimo es Gordon Gekko, no teme desmenuzar.
Gordon Gekko: No lo creo.
P.: No será porque no haya problemas.
G.G.: China es, en buena medida, una caja negra. En muchos aspectos, es todavía una economía de comando. La información que fluye es fragmentaria. No toda es confiable. Si hay dificultades, nadie lo ignora, se administra su difusión.
P.: Sabemos que hay un parate inmobiliario.
G.G.: Seguro. Pero es difícil obtener una visión del conjunto y, más aún, certificar la envergadura del traspié. Por otra parte, los grandes bancos son propiedad del Estado. Es muy fácil prever quién pagará la factura (a diferencia de lo que ocurre en EE.UU. y Europa) aunque no se sepa a cuánto ascenderá. Y ello calma los nervios. Evita la zozobra.
P.: Pero todo indica que el «boom» de actividad se frenó.
G.G.: Era la intención oficial apaciguarlo.
P.: Se enfrió más allá de lo que se buscaba.
G.G.: Diría que sí. Sin embargo, todavía la estimación en boga es que el crecimiento del PBI se ubicará por encima del 8% el año próximo. Es una desaceleración visible, mas no dramática.
P.: ¿Motivos? ¿La debilidad del contexto mundial? ¿O es una señal interna de deterioro? Se sabe que ya hay problemas de cobranza y retrasos en la cadena de pagos.
G.G.: Desde 2007 el frente doméstico es más brioso que el internacional. Y eso no va a cambiar. Hay quien piensa incluso que China podría tener un déficit comercial en 2012.
P.: ¿Y es alguien que conoce de estos temas?
G.G.: Un exviceministro de Comercio.
P.: Sin embargo, si uno rastrea los flujos de capitales, pensaría que lo que más crece es la desconfianza en la pujanza dentro de China.
G.G.: No tiene manera de saberlo.
P.: Por primera vez en años hay salida neta de capitales.
G.G.: Eso es cierto. Pero la salida nada afirma en forma categórica. Puede ser que haya que repatriar inversiones porque la situación se agravó sobremanera en los países de origen.
P.: Está bien.
G.G.: Y hay también «dinero caliente» que, al igual que lo que sucedió en el resto del mundo, huyó al dólar como resguardo por los vaivenes recientes de la crisis global. Ese dinero escapó de todas las economías emergentes aun cuando sus proyecciones de crecimiento son más elevadas que las de EE.UU.
P.: De acuerdo. Me expresé mal. Digo que se advierte una desconfianza en la economía de China que antes no estaba presente. Aunque China probablemente se las arreglará para crecer mucho más que sus pares.
G.G.: Tiene razón. Si me apura le diría que no es sólo China la que está bajo la lupa.
P.: La fe en China parecía un axioma. No requería demostración. ¿Qué cambió?
G.G.: Los países BRIC -que eran la niña bonita de la expansión hasta hace muy poco- no se salvan de los cuestionamientos. Son realidades nacionales muy distintas. Todos, de una manera u otra, han perdido brillo.
P.: ¿A qué atribuirlo?
G.G.: Es la erosión que provoca la crisis internacional. La amenaza persistente de Europa que enloquece a cualquiera, el freno el comercio mundial. Tantos meses bajo presión, cobraron peaje. Más allá de las dificultades propias de cada nación.
P.: En el caso de China las reservas internacionales del banco central dejaron de crecer. Eso no estaba en los cálculos. Sólo por el cobro de intereses deberían aumentar.
G.G.: China se ajusta también a los dictados de las leyes de la gravedad. Si hay salida de capitales no debería extrañarle que pierda reservas.
P.: Lo que no entiendo, viendo los números, es cómo el yuan renminbí alcanzó un nuevo máximo con respecto al dólar. Usted mismo dijo que China padeció el magnetismo de la divisa en los momentos álgidos de la crisis.
G.G.: Hay muchas cosas que uno no entiende (algunas de ellas, presumiblemente, creyendo haberlas entendido). Hoy por hoy, la fortaleza del yuan es fruto exclusivo de la intervención oficial.
P.: ¿Es el banco central el responsable?
G.G.: Tal cual. Son los tipos de referencia que fija el Banco del Pueblo de China los que empujan al yuan. Si no fuera por ellos, la debilidad de la moneda -que se atisba en los negocios intradiarios- sería evidente.
P.: EE.UU. tiene razón. China manipula su paridad cambiaria.
G.G.: Sólo que ahora no lo hace para devaluar su moneda, sino para apuntalarla.
P.: ¿Cómo se entiende?
G.G.: Está limando la volatilidad. Administra una apreciación del yuan como tendencia de largo plazo. Y busca evitar que se produzca una retracción transitoria que deba compensarse luego con un mayor ritmo de revaluación.
P.: Los forwards de yuan contra dólares señalan una caída del yuan a un año vista.
G.G.: Es lo que el banco central está combatiendo.
P.: ¿Y podrá lograrlo si se confirman las expectativas de un aterrizaje inmobiliario brusco?
G.G.: Por cierto que dólares no le faltan. Si los chinos tienen algo en demasía son dólares y paciencia.

