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Diálogos en Wall Street
¿Terminó el rally o continúa? ¿Hay una corrección en curso o ya pasó? ¿Cuáles son los grandes problemas que quitan el sueño? No hay ninguno, arriesga Gordon Gekko, el analista que refugia su identidad en la máscara del protagonista de la película «Wall Street». Ninguno más que lo mucho que trepó la Bolsa. Siendo así, el rally de las acciones todavía dará batalla.
Gordon Gekko: Está muy atado a los vaivenes de las cotizaciones. Se bambolea con ellas.
P.: La corrección parecía cantada. Pero hizo mutis por el foro.
G.G.: El Dow Jones cayó casi el 5%. El achique existió. Aunque fue un destello fugaz.
P.: Sí, pero cuando los bears montaron campamento, ya las acciones estaban subiendo de vuelta. Y con bastante ahínco.
G.G.: Había que depurar para poder abrirse camino de nuevo. Eso fue lo que pasó hasta ahora. Primero, un paso atrás que orilló el 5% y, trascartón, una recuperación cercana al 2,5%.
P.: La suerte del rally estacional todavía aguarda un veredicto.
G.G.: Seguro.
P.: ¿O esto será todo?
G.G.: No. Estamos a media agua. Falta una definición.
P.: ¿Quién será el proveedor de ese remate? ¿Los ruidos de Europa? ¿España? ¿Los balances corporativos?
G.G.: Sobran candidatos. Pero todavía no dan la talla.
P.: No quiero parecer un tábano transmisor del pesimismo. La definición puede sobrevenir en una dirección o en otra. Después de todo, el rally sigue dando pelea y nos puede asestar otro zarpazo.
G.G.: Claro. Es más fácil que ensaye una ofensiva ahora que antes de protagonizar esta efímera corrección.
P.: De hecho, también han resurgido oradores de la Fed que le abren la puerta al QE3.
G.G.: No escuché a ninguno.
P.: Hay quienes justifican la suba de las Bolsas en los dichos de Janet Yellen, la vice de la Fed.
G.G.: Es una interpretación demasiado elástica de sus palabras.
P.: ¿No lo entiende así?
G.G.: No. Para nada.
P.: Pero aceptará que su postura difiere en mucho de la hostilidad hacia el QE3 que mostró una media docena de presidentes de distrito.
G.G.: No hay duda. El día previo, Kocherlakota de la Fed de Minneapolis había planteado la posibilidad de adelantar la suba de tasas cortas a una fecha tan temprana como ser antes que termine el año. Yellen no coincide. Está en línea con la posición que ventiló Bernanke, que es el dueño del circo.
P.: Mantener la política monetaria como está.
G.G.: Así es. Pero ello no implica QE3 a la vista.
P.: Yellen se internó en uno de los temas que Bernanke mencionó cuando habló del mercado laboral. Y fue más contundente. Dijo, sin ambages, que no veía signos de desempleo estructural.
G.G.: Y le recuerdo que es su campo de actuación académica. La que de veras conoce el paño es ella.
P.: Si no hay desempleo estructural, el que existe se debe a la falta de demanda agregada. Tiene sentido entonces utilizar la política monetaria para abatirlo. Y, a su vez, si la desocupación se prolonga, la pérdida de habilidades y contactos puede convertir el problema en un fenómeno crónico. Habría, pues, que apurarse a intervenir.
G.G.: ¿De ahí deduce que le abre la puerta al QE3?
P.: Bernanke no tenía tan claro la naturaleza macroeconómica del desempleo vigente.
G.G.: Es verdad, fue menos tajante. Pero Yellen, en sus conclusiones, no se apartó de las que esbozó Bernanke. Defendió la idea de mantener las tasas cortas en cero más tiempo de lo que sugerirían las reglas monetarias en condiciones convencionales. Pero se cuidó de no mocionar a favor del QE3. No dio ese paso.
P.: ¿Podrá Europa, como lo hizo el año pasado y el anterior, pinchar el globo de la suba de las Bolsas?
G.G.: Puede. ¿Lo ha hecho? Yo diría que no. ¿Fue la zarzuela de España -o la rabieta de Rajoy con Monti y Sarkozy- la culpable del traspié de los últimos días? Yo diría que fue al revés. Primero nos caímos y recién después les prestamos atención a las razones. La recuperación del Dow no necesitó que España prometiera nada. Un mal número, inesperado, de pedidos de subsidios de desempleo en EE.UU. tampoco le hizo mella. A decir verdad, hoy por hoy, no hay grandes amenazas que quiten el sueño.
P.: ¿Cómo lo sabe?
G.G.: La prueba está servida. Es el propio rally. Debería ser fácil derribarlo. ¿Cómo es que sigue en pie -tan sobreextendido- si los problemas son enormes? Su principal debilidad, la grieta que luce visible, es lo mucho que trepó.
P.: Y la vigilia del famoso «sell in May».
G.G.: Tal cual.
P.: Comenzó la temporada de balances. Como siempre, el encargado de abrir el ruedo fue Alcoa. Y aportó una sorpresa positiva.
G.G.: Se aceptaba que mostrara una pérdida moderada. Y, gratamente, reveló ganancias inesperadas.
P.: Suele decirse que adonde apunta Alcoa, apunta luego el resto de los balances. ¿Una señal premonitoria?
G.G.: Es un buen estreno.
P.: Cambió el humor después de ese balance.
G.G.: Correcto. Pero el humor es como la rosa de los vientos. Mejor que apunte al norte, pero no piense que la dirección es definitiva.
P.: El segundo gran nombre en la lista era Google. Y sus números también batieron las expectativas.
G.G.: Lo que a los mercados les gusta es que la vara de las exigencias ha sido colocada ya a ras del suelo. Alcoa recordó que, en esas condiciones, hay potencial para sorprender favorablemente.
P.: Así el rally se puede arreglar con poco para seguir trepando.
G.G.: Es lo que intenta. Pero si el insumo es escaso, no se debe esperar avanzar mucho. Creo que hay dos claves. Las cifras de los bancos es una. Es el sector con más margen de «upside» pero necesita confirmar que pisa terreno firme. Y el segundo factor será la orientación que den las empresas -en general- sobre cómo marchan sus negocios. Eso lo empezaremos a vislumbrar a partir de mañana (por hoy) con JPMorgan y Wells Fargo. Los bancos pesan, además, porque son como un faro que ilumina a través de la neblina. Si capitulan nadie creerá que el rally tiene recorrido.


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