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Diálogos en Wall Street
Mal día en las Bolsas internacionales. ¿Se corta el halo de optimismo que, basado en presunciones (que no terminan de verificarse), desafiaba el rigor adverso de las noticias? En «tête a tête» con Gordon Gekko, nuestro hombre camuflado en Wall Street, se analiza lo que sucede en los mercados y lo que está por venir.
Gordon Gekko: Las Bolsas suben a cuenta de que Europa se arregle; los bancos centrales inunden el mundo de liquidez; Merkel acepte que se equivocó de camino y que no es ella, sino todos los demás, los que tienen razón.
P.: Parecía demasiado optimismo. Ninguno de todos los supuestos que usted cita termina de cumplirse.
G.G.: Es así.
P.: ¿Qué tan grave es este derrape?
G.G.: Nunca es agradable ver al Dow hundirse 200 puntos en el medio de una rueda.
P.: No. Pero había subido 700 en las últimas dos semanas.
G.G.: Correcto. No hemos sacado los pies del rango de «trading». Nada fundamental se alteró.
P.: Después del «sell in May» nos tocó un sorpresivo «buy in June».
G.G.: Fuera de libreto. Si uno se hubiera limitado a leer las noticias, y durante dos semanas no hubiese mirado las cotizaciones, no podría haber imaginado la suba rotunda que se disparó en Wall Street. Volcó España, y los activos de riesgos treparon con entusiasmo. ¿Cómo creerlo?
P.: Hasta la Bolsa de Madrid subió.
G.G.: No es la partitura convencional, pero así fue.
P.: ¿Qué pasó?
G.G.: Descontamos el final.
P.: ¿Qué final?
G.G.: El final feliz. La idea de que España no se va a romper.
P.: ¿Por qué?
G.G.: Porque no se puede hacer añicos sin provocar una catástrofe.
P.: A veces ocurren acontecimientos muy a pesar de no ser convenientes.
G.G.: El derrumbe de España no es un hecho de la naturaleza. Puede evitarse si hay voluntad política. Entiéndame, no critico el juego estratégico de los mercados. Está bien rumbeado. Sólo apunto que la tenacidad alemana bloquea una solución rápida. Se precisa una lima gruesa y más paciencia.
P.: ¿No cree que el G-20 tiene que haber esmerilado la oposición alemana a un arreglo más flexible?
G.G.: Con rigidez, a esta altura, ya no hay solución incruenta posible. Eso se podía pensar cuando el problema era Grecia. Ya no con España e Italia en la cuerda floja.
P.: Como sea. Me refiero a la presión del G-20 para que Alemania acceda a darle un corte a esta situación que mantiene al mundo en vilo.
G.G.: Tuvimos una reunión extraordinaria del G-7. Se lamentó después George Osborne, el secretario de la Tesorería británica, de que Alemania resolvió el rescate bancario español sin atender para nada los consejos recibidos. Recordará las palabras de Obama urgiendo a Europa a ocuparse de sus asuntos.
P.: No tuvo mucho éxito. Pero la presión aumentó en Los Cabos. Y se sumaron más países. Quedó claro que el salvataje bancario fracasó. ¿No es hora de corregir el timón?
G.G.: No es a mí a quien hay que convencer. La idea de que los fondos europeos de rescate (FEEF y el futuro MEDE) compren deuda española e italiana en los mercados secundarios se difundió a los cuatro vientos.
P.: Así fue.
G.G.: La leímos en todas partes. Con lujo de detalles. Menos en el documento oficial del G-20. Allí, por cierto, no estaba.
P.: ¿El G-20 fue una pérdida de tiempo?
G.G.: Nada se pierde. Pero todo se transforma. Si los mercados suben, prepárese para una tenida larga. Si la quiere acortar, lo mejor es regresar a lo probado.
P.: ¿O sea?
G.G.: Se necesitan varios días como el de hoy para arrancar avances concretos.
P.: ¿Usted qué piensa que ocurrirá?
G.G.: Lo que dijo Obama. Que hay que armarse de resignación. Que no habrá una bala de plata.
P.: ¿Y eso cómo se conjuga en función de las Bolsas?
G.G.: Me parece compatible con el rango de negociación en el que estamos metidos desde que comenzó mayo. El techo es una losa cuádruple en torno a los 13.300 puntos del Dow. Y el piso, un 10% debajo.
P.: Nada muy distinto a lo que acontecería con una corrección suave, de manual.
G.G.: Si quiere definiciones más tajantes, las Bolsas deberán perforar ese piso primero y sembrar la alarma.
P.: A todo esto, Ben Bernanke lanzó la versión dos de la operación twist. No tuvo un buen debut.
G.G.: No se confunda. Fue muchísimo mejor que el año pasado.
P.: ¿Qué pasa con el twist?
G.G.: No pasa nada. Es, esencialmente, comunicación. Como mensaje, es positivo. No daña.
P.: ¿Será que los inversores, en su fuero íntimo, esperaban más? ¿El QE3, quizás?
G.G.: Deseaban más. Pero no esperaban ver cumplidos sus deseos. El problema de los mercados es que las expectativas son altas en comparación con una situación de notable ausencia de liderazgo ante una realidad muy áspera, rugosa. Así es natural que los globos de desinflen cuando les toca la hora de demostrar que, dentro suyo, tienen algo más que puro aire.


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