6 de julio 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados mundiales que se escuda bajo la figura del emblemático Gordon Gekko de la película «Wall Street», quien analiza las decisiones del Banco Central Europeo.

Periodista: Tres bancos centrales, tres pronunciamientos, tres respuestas de política monetaria de igual tenor. Todos apuntaron a proveer un mayor relax. Sea por baja de tasas, sea por expansión cuantitativa. ¿Es coordinación o mera coincidencia?

Gordon Gekko:
Ya dijo Mario Draghi, el mandamás del BCE, que no hubo acuerdo previo ni más conversaciones que las que son habituales entre su entidad y el Banco de Inglaterra.

P.: Cada banco central atacó sus problemas por separado.

G.G.:
Es totalmente así. Lo que ocurre es que el ciclo económico global tiene cierta sincronización y, por eso, lo que Inglaterra, la eurozona y China necesitan hoy en día no es tan distinto.

P.: Un poco más de oxígeno.

G.G.:
Todo el mundo afloja las riendas. El crecimiento global volvió a golpear un «pozo de aire». Sólo que la baja de tasas en China es compatible con un nivel del 6%, mientras la que produjo el BCE, la ubica en el 0,75%.

P.: El Banco de Inglaterra prefirió no mover la tasa, pero sí aumentar su objetivo de compra de bonos del Tesoro.

G.G.:
Así fue. Lo incrementó en 50 mil millones de libras y lo llevó a un total de 375 mil millones.

P.: Usted esperaba más.

G.G.:
Correcto. Por segundo mes consecutivo esperaba más acción. La discusión interna, la reunión anterior, había sido muy fuerte y pensé que se saldaría con baja de tasas y una compra aún mayor de bonos.

P.: El mercado habrá pensado lo mismo. La reacción de la libra esterlina fue apreciarse.

G.G.:
Sí.

P.: En cambio, el euro se destruyó. ¿No estaba en los cálculos que el BCE bajaría un cuarto de punto las tasas de referencia?

G.G.:
Eso no fue sorpresa.

P.: ¿Y entonces?

G.G.:
Que el BCE llevase a cero la tasa que paga por captar depósitos de los bancos no figuraba en el radar. Es una innovación importante.

P.: Digamos que quiere forzar a la banca a prestar más.

G.G.:
Eso quiere, otra cosa es que lo consiga.

P.: ¿Usted piensa que no será el caso?

G.G.:
¿Usted diría que la razón por la que el sistema financiero europeo tiene depositados 790 mil millones de euros en el BCE es porque el banco central los remunera al 0,25%?

P.: Sé que es una cifra muy superior a los encajes requeridos por ley.

G.G.:
Eso va por cuerda separada. Los encajes suman 106 mil millones de euros y los saldos del sistema en la cuenta corriente exceden esa cifra en un poco más de 10 mil millones de euros. Pero está, además, la montaña de liquidez que le mencioné.

P.: Y por la que ahora el BCE ha dicho que no va a pagar nada. ¿Quiere ahorrarse el monto del pago de intereses o quiere que los bancos se lleven el dinero a otra parte? Preferentemente que se la presten al sector privado.

G.G.:
Será interesante comprobar, en la práctica, cuál es la elasticidad del precio de esos fondos.

P.: Usted cree que será muy baja.

G.G.:
Casi nula.

P.: Que los bancos dejarán la plata igual.

G.G.:
Podrían prestarla a una tasa más alta. No tengo dudas.

P.: Lo que quizá no podrían sería recuperarla.

G.G.:
Por eso está donde está. No es una cuestión de tasa en el margen. Es que el sistema interbancario está paralizado. No funciona.

P.: Por la desconfianza recíproca entre los bancos.

G.G.:
Ésa es la naturaleza de la crisis europea. Usted no cree en los tesoros ni en los bancos de un buen número de países importantes. Si mira la hoja de balance del BCE advertirá que tiene prestado 1,2 billón de euros al sistema financiero y, a la par, tiene tomado (a través de distintos mecanismos) 1,1 billón de euros del mismo sistema.

P.: En condiciones normales eso no es así.

G.G.:
El BCE está reemplazando lo que antes hacía el mercado interbancario. Es fácil de entender.

P.: ¿Ayudará a darle vida el hecho de que ahora no pague nada?

G.G.:
Siempre pagó menos de lo que cobra por su asistencia. El «spread» se mantiene. Pero los volúmenes que intermedia no tienen nada que ver con las tasas de interés, y sí todo que ver con la enorme sensación de fragilidad. Recuerde cuando el BCE colocó un billón de euros en pases a tres años, el dinero volvió rápidamente. Porque los bancos necesitan tenerlo a mano, disponible, en caso de que surja una necesidad.

P.: Entiendo que en EE.UU. la situación no es muy distinta.

G.G.:
Las reservas excedentes del sistema son también muy altas. Mayores a 1,5 billón de dólares.

P.: Y la Fed remunera esos fondos. ¿Podría plegarse a la iniciativa del BCE?

G.G.:
Es lo que no ha querido hacer para no afectar el funcionamiento del mercado monetario. Así que imagino que seguirá el tema con muchísima atención.

P.: Uno podría pensar que si funciona, y si los bancos responden, entonces, aquí hay una nueva herramienta para impulsar la expansión monetaria.

G.G.:
Si los bancos quieren prestar, pueden hacerlo y ganarse el diferencial de tasa de interés. Y estamos hablando de muchísimo dinero. La idea de la Fed es bastante sensata; el carro no tirará del caballo.

P.: Hemos tenido una vuelta completa del carrusel de los bancos centrales. ¿Qué le queda en limpio?

G.G.:
Nada que no supiéramos. Los bancos centrales están confirmando lo que señalaron primero los indicadores económicos. Hay, como mínimo, una desaceleración temporaria de la actividad. Un repliegue de los temores inflacionarios y una noción de que la política monetaria puede ayudar. Pero quien más lo necesita y tiene más margen de acción es quien menos interesado está en explotar la oportunidad.

P.: El BCE lleva ese sello en el orillo. Sin embargo, el derrumbe del euro parece anticipar la idea de que habrá más estímulo en camino.

G.G.:
Las palabras de Mario Draghi hubieran permitido tomar esas decisiones ya. Se ve que necesita tiempo. Pero, en efecto, otro cuarto de punto está descontado.

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