16 de octubre 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La negociación de la deuda va y viene, salta de una cámara a la otra, y se dilata. ¿Qué esperar, dado que mañana se agotan los plazos? Tal el leit motiv de la entrevista a Gordon Gekko, nuestro hombre en Wall Street reconvertido en especialista en descifrar las intrigas que se tejen en Washington por obra y gracia de la coyuntura.

Diálogos en Wall Street
Periodista: La guerra de nervios continúa. Increíblemente...

Gordon Gekko:
Como decía el entrenador de béisbol Yogi Berra: "El juego no está terminado hasta que no termina".

P.: Los políticos siguen discutiendo. Los planes se suceden, se roza un acuerdo y luego, uno a uno, se caen por motivos que, vistos de afuera, son minucias. El jueves (por mañana) es la fecha límite y el Tesoro se queda sin la caja necesaria para pagar sus cuentas y sin la autorización del Congreso para endeudarse más...

G.G.:
Si no hubiera fecha límite, si no se avistara una calamidad, no habría acuerdo. Es lo que enseña el sequester del gasto, que rige desde marzo, y que como no es la muerte de nadie, no hay nadie que se moleste en subsanarlo...

P.: ¿Los políticos no se dan cuenta de que están bailando en la cubierta del Titanic?

G.G.:
Uno diría que les agrada la música, que están en su salsa.

P.: ¿Y los mercados?

G.G.:
No creen en el iceberg.

P.: ¿Nadie se toma el asunto en serio?

G.G.
: Hasta cierto punto, sólo los republicanos. Si hay destrozos, la factura está a su nombre. Hasta cierto punto, no del todo.

P.: ¿No del todo?

G.G.:
Los senadores quieren ir por un lado, los diputados por otro. Y todos han sido muy celosos en defender sus reivindicaciones al punto de perjudicar la negociación. Porque si el Gobierno tenía que hacer concesiones, ¿cuáles debían ser? ¿Las que satisfIciesen a quién?

P.: Hoy (por ayer) parece surgir alguna preocupación en Wall Street. El lunes la Bolsa subió como si nada. Y hoy sintió el impacto de saber que todo lo que avanzaron los senadores quedó en agua de borrajas.

G.G.:
En 2011, los mercados soportaron estoicamente la misma indefinición. Y no pestañearon hasta que se llegó a una solución -como siempre, en el último minuto-. El drama sobrevino después. Cuando Standard & Poor´s -basándose en lo precario del proceso político- resolvió quitarle a la deuda de EE.UU. su categoría AAA. Ahí sí los mercados crujieron. El Dow Jones se zambulló el 15% desde los máximos y cundió la preocupación en serio.

P.: ¿Puede repetirse?

G.G.:
Ésta es la verdadera incógnita. No lo es la discusión sobre si va a haber default o no. El tema es si algo se rompe en el camino, si los activos financieros (irónicamente, aquellos instrumentos distintos de la deuda soberana) van a permanecer indemnes o si van a sufrir un castigo severo de último minuto.

P.: ¿Dónde está la negociación en este momento? Porque fue y vino de una cámara del Congreso a otra...

G.G.:
La posta la recuperó la Cámara de Representantes. Los senadores llegaron a un punto muerto y no pudieron avanzar. Con todo, la propuesta que tomó estado público concede una prórroga de plazos para extender los niveles de gasto y deuda pública que no son muy distintos de los que ofreció la senadora Susan Collins (sin éxito) el fin de semana.

P.: ¿O sea que se reabriría el Gobierno y se desplazaría el techo del endeudamiento? ¿Ambos?

G.G.:
En principio, los diputados de la oposición están dispuestos a una ampliación de los niveles de gasto que permita reabrir el Gobierno y mantenerlo en plenas funciones hasta mediados de enero. Y el nuevo límite de la deuda se alcanzaría recién el 7 de febrero.

P.: El fin de semana el presidente Obama dio a entender que quería una tregua más prolongada.

G.G.:
Seguro. Pero ésta es la oferta sobre la mesa. Y le diría más: todavía hay resistencia. Hay quienes quieren autorizar gastos adicionales solamente hasta mediados de diciembre, no más.

P.: ¿Y entonces?

G.G.:
Entonces la discusión prosigue. Lo que en algún momento iba a ser una prórroga sin condiciones dejó de ser tal. Y los diputados tienen una valija de reclamos particulares más grande que los senadores. La negociación no es lineal. No es un proceso que va cerrando tranqueras a medida que corre el tiempo y deja cada vez menos temas por resolver. No. Cada vez que cambia de manos, vemos que toda la estructura de las propuestas se altera. No cabe duda de que así se complica más.

P.: Pero ya estamos sobre la hora como para arrancar de cero...

G.G.:
No me lo tiene que decir a mí.

P.: ¿No es una locura haber llegado a esta altura sin una definición? El mundo mira desde el palco sin poder participar, pero tampoco podrá sustraerse si se produce un cataclismo.

G.G.:
La misma negligencia benigna que EE.UU. siempre tuvo con su moneda la tiene con su deuda pública. Mientras sus precios no se dañen será difícil hacerlos cambiar. Y si Wall Street no se estremece, menos aún.

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