25 de junio 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Diálogos en Wall Street
El camino a nuevos récords se frustró, de buenas a primeras, sin dar explicaciones. Indagamos a nuestro hombre en Manhattan para entender las sinuosidades de Wall Street.



Periodista: Nos mancamos justo cuando el Dow Jones tenía los 17 mil puntos al alcance de la mano.

Gordon Gekko:
La maldición de los números redondos.

P.: No hay otro motivo en vista. Parece cosa de brujería...

G.G.
: La buena noticia es que el mercado bull sabe lo que es llevarse puesta una barrera así. Venimos trepando -sin gran oposición- desde los 7.500 puntos en 2009...

P.: El día arrancó con toda la furia. Y sumó condimentos picantes sobre la marcha. El rebote en las ventas de vivienda es precisamente lo que el doctor ordenó.

G.G.:
No alcanzó.

P.: Uno lee, recién cuando el mercado pega la vuelta, que existe sensibilidad por los sucesos en Medio Oriente.

G.G.:
No estaríamos parados en la cima del Everest si eso fuera cierto. Semanas atrás, la excusa favorita era Ucrania. Hoy es Irak. O la dupla con Siria. Pero la verdad es que el mundo es un polvorín, y la Bolsa florece a más no poder.

P.: Ha vuelto la preocupación por la inflación. No sólo en EE.UU. Es un fenómeno que se observa también en el resto del mundo.

G.G.:
Deje a Japón de lado, porque allí talla el ajuste del impuesto a las ventas, que es un salto de alícuota por una única vez.

P.: Pero aun así se advierte un repunte. En EE.UU. es claro.

G.G.:
Venimos de tres años de desinflación y ahora registramos un repunte. No en la eurozona, pero sí en EE.UU. Si se consolida, lo que está por verse, será la tercera vez -desde que comenzó la crisis- que iremos por encima del objetivo del 2%. Las dos veces anteriores fue la vuelta del perro. La inflación regresó a casa a la primera dificultad de la actividad económica.

P.: Ya se habla de que la Fed está corriendo por detrás de los acontecimientos.

G.G.:
Hablar no cuesta nada.

P.: Pero puede hacer daño.

G.G.: Tampoco se detecta ningún daño. Hoy los títulos del Tesoro volaron de precio. Más todavía luego de la subasta de la nota de dos años.

P.: Sin embargo, Charles Plosser (de la Fed de Filadelfia) dijo hoy (por ayer) que el "forward guidance" actual de la Fed era demasiado "pasivo", que un viraje de la política monetaria podría estar mucho más cercano que lo pensado.

G.G.:
Dijo también que tenía una visión benigna sobre la inflación.

P.: Será por otras razones, pero la idea es la misma: que la Fed va al trotecito y debería apurar sus pasos.

G.G.:
Sobran opiniones personales en la Fed. Sabemos que no hay uniformidad. Y Plosser está encaramado en el podio de los halcones. Hace tiempo.

P.: Dos semanas atrás fue Mark Carney, el titular del Banco de Inglaterra, el que alertó sobre la posibilidad de tener que comenzar la suba de tasas antes de lo calculado. Yellen no se hizo eco. Lo hemos hablado. Pero ahora viene Plosser y nos recuerda el asunto.

G.G.: En rigor, uno podría argumentar que Carney se copió de Plosser. Sus declaraciones son un calco de otras de Plosser del mes de mayo.

P.: ¿No será que una economía, y una inflación, más firmes comienzan a incubar un giro de postura en el seno de la Fed?

G.G.:
Plosser aboga por ello, pero creo que si se queja, es porque no encuentra eco.

P.: Habrá que esperar para saber si no se suman más voces.

G.G.:
Necesita voces nuevas. Porque hay un coro de halcones conocido -Esther George, Richard Fisher, Jeff Lacker- que piensan igual, mas no consiguen quórum para imponer su punto de vista.

P.: En la Fed hubo recambio de personal. Al más alto nivel. Cuando Stanley Fisher, el nuevo número dos, abra la boca, quizás sorprenda.

G.G.:
Le doy la derecha. Es un factor de incertidumbre. Aunque le aclaro que no está agendado todavía. En todo caso, el 9 de julio, cuando se difundan las minutas, podrá enterarse sobre cualquier eventual mudanza de criterio.

P.: Hasta entonces la Bolsa no enfrenta muchas acechanzas.

G.G.:
Los balances serán un buen examen, pero arrancarán también por esa fecha. Los datos económicos, que son buenos, no deberían perjudicar. Y los riesgos geopolíticos, que sí deberían corroer la confianza, son desechados. Se me ocurre que seguiremos como hasta el presente. Si los inversores se asustan, será de su propia sombra.

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