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Diálogos en Wall Street
Wall Street se desentiende de las penurias de los bonos y de la sorpresiva debilidad del dólar, y vuelve a juguetear con los récords. Con Gordon Gekko examinamos las últimas novedades que llegan de Manhattan.

Gordon Gekko: No tienen mucha competencia, a decir verdad.
P.: Los bonos siguen en la picota.
G.G.: Mire la composición de las carteras y los flujos de fondos en lo que va del año. Hay mucha exposición en renta fija de calidad a precios todavía muy agresivos. La Bolsa de EE.UU. es la que pisa firme. Las acciones europeas, que fueron un destino caliente hasta abril, que captaron a muchísimos entusiastas, no la pasan tan bien.
P.: Es la revancha del pato feo...
G.G.: Por error de cálculo. O cambio caprichoso de preferencias. Como sea, hoy por hoy, nadie sale mejor en la foto que Wall Street. Téngalo por seguro.
P.: Lo más llamativo es que las acciones estadounidenses mantienen una lectura de volatilidad muy baja. Irrisoria.
G.G.: No parecen participar de todas las vicisitudes que rodean a la economía y a la marcha de las ganancias corporativas. Y mucho menos reciben un contagio dañino de los desvaríos que se cuelan en los mercados de bonos, materias primas y monedas.
P.: Son el refugio de la calidad. La almohada que permite dormir tranquilo.
G.G.: Con énfasis en refugio. O sea, en el aguacero que empapa a los demás.
P.: Y con una calidad dudosa.
G.G.: Correcto. Aunque les cabe el beneficio de la duda.
P.: Hablábamos de los fundamentos de las acciones como un vaso a medio llenar. Usted creía, la última vez, que comenzaba a llenarse de nuevo.
G.G.: A esta altura es evidente que los indicadores económicos en EE.UU. están repuntando.
P.: De acuerdo. Eso sí: no es nada espectacular.
G.G.: No se les pide demasiado.
P.: Lo sé. La vara de las exigencias reposa en un umbral muy bajo. Y las cotizaciones, por lo contrario, nunca volaron tan alto.
G.G.: No me entendió. No se les pide demasiado porque, si nos diéramos un festín con la data, vendría con un ticket de suba de tasas. Es mejor así.
P.: Todo sugiere que la Fed está ansiosa por facturar el aumento de tasas. La Bolsa no va a zafar de la "multa", aunque la economía se mueva a paso de hombre.
G.G.: Mientras pueda corroborar de manera creíble que se mueve hacia adelante. De todas las equivocaciones que puede cometer la Fed, dar un paso en falso es la que más odiaría.
P.: ¿Todo listo para llevarnos el "premio" en la reunión de septiembre?
G.G.: Es lo que se dice estos días. Pero recuerde que la fecha favorita se desplazó por todo el calendario sin durar demasiado en ningún casillero.
P.: ¿No cree que pueda ocurrir tan pronto?
G.G.: Si la reunión de septiembre fuera mañana, y los mercados de bonos fueran los de hoy, la Fed preferiría dejar correr el reloj hasta diciembre. Es mi opinión.
P.: ¿Los mercados se persiguen demasiado con la inminencia de una intervención?
G.G.: No se equivoque. La Fed debería meter más presión. Y creo que así lo hará la semana próxima. Es la manera de comprobar la solidez del terreno. Es lógico. Hay que hurgar donde se detectan rajaduras. Hay que descascarar el revoque que está flojo. Que se vean las grietas antes de actuar, y no después.
P.: A decir verdad en el mercado de bonos se caen pedazos enteros de mampostería.
G.G.: Sí. Pero no se caerá todo el edificio. No exageremos. Cuesta un esfuerzo enorme que la inflación se aproxime al 2%, desde abajo. Muy pocos bancos centrales del G-7 lo consiguen y no es por falta de aplicación en sus labores.
P.: ¿Qué pasó con la maldición de mayo, el Sell in May? ¿Pegará el faltazo este año?
G.G.: Uno diría que se confundió de presa. Pero hay tiempo todavía para que corrija la puntería. No se confíe en demasía.


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