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Diálogos en Wall Street
Hay alivio después de conocer los últimos informes económicos. Como dice Gordon Gekko, no necesariamente porque sean buenos, sino porque se temía algo peor. ¿Cuán lejos se llegará por esa vía?
Gordon Gekko: De un mal informe ISM de actividad manufacturera. Malo, pero mucho mejor que lo esperado.
P.: ¿Es la percepción de que el mundo no se destruye?
G.G.: De manera literal, el informe indica una contracción que persiste, pero a un ritmo atenuado. Destruir al mundo llevará más tiempo que lo pensado.
P.: La suba de acciones penaliza el pesimismo excesivo.
G.G.: Esa es la verdadera monta del rally desde que lo taloneó Jamie Dimon. Pasa el tiempo y las razones fundamentales que agitaron los osos no acuden a la cita. No hay recesión. Si la hay en la industria manufacturera (la duda existe por el crecimiento del empleo), el reporte ISM sugiere que se morigera. Y tampoco hay deflación. Ni siquiera desinflación...
P.: ¿No?
G.G.: Los precios en EE.UU. están trepando a mayor prisa.
P.: No es lo que decía George Soros. Y esa era su principal preocupación.
G.G.: Es lo que dicen las mediciones. Todas.
P.: ¿A pesar de la debilidad de los precios del petróleo?
G.G.: Correcto.
P.: Y estas lecturas son anteriores a la reciente estabilización del precio del barril por encima de los 30 dólares.
G.G.: Tal cual. Todavía hay mermas de precio en el surtidor.
P.: Es una ironía: la inflación es buena.
G.G.: Cuando se teme un escenario de deflación, es lo que el doctor recetó. Hace más de tres años que el Banco Central no cumple su meta de inflación. Por defecto, porque no puede alcanzar el umbral del 2% anual.
P.: De repente, está muy cerca.
G.G.: Si toma la mediana del índice de precios al consumidor, inclusive, está por encima.
P.: Quizás la Fed no se equivocó cuando subió las tasas de interés en diciembre.
G.G.: Seguro. Entienda que se toman decisiones bajo condiciones de gran incertidumbre. La visibilidad es bajísima. Y las condiciones financieras, basta ver el comportamiento errático de los mercados, son un albur.
P.: ¿Vuelve a tallar la posibilidad de que la Fed eleve las tasas de interés?
G.G.: Vuelve a ser un tema pertinente a la agenda de 2016. En mi opinión, nunca se fue del todo, pero los mercados la habían pateado a la posteridad.
P.: En un par de semanas se reúne el comité de mercado abierto.
G.G.: No tan pronto.
P.: Entonces, ¿cuándo?
G.G.: Según los contratos de futuros de fed funds, recién hacia fin de año. A las cotizaciones de hoy, las chances de que haya un ajuste de un cuarto de punto en diciembre son del 50%.
P.: Tibio, tibio.
G.G.: Sí. Pero la percepción se recalienta con facilidad. Con un par de números como los que vimos hoy (por ayer) -el ISM, la venta de autos muy robusta- y mercados recuperados o en alza, la fecha se adelantará.
P.: ¿Ya pasó lo peor?
G.G.: No en el sentido que usted piensa. La pulseada entre los mercados y la Fed, que apuntaba a doblarle el brazo a Yellen y Cía., sí se acabó. El banco central no renunciará a su pretensión de normalizar la política monetaria.
P.: ¿En qué sentido no pasó lo peor?
G.G.: Los mercados se mantendrán en el sube y baja, pero dentro de un rango. No hay con qué apuntar a nuevos récords. Ni tampoco, corregido el posicionamiento, cómo empujar a un nuevo mercado bear. Si hay muchos cortos, se puede subir gracias a la cobertura. Pero eso tiene un límite. Es un mercado calesita, que rota sin definir tendencia.


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