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Dicen en el campo...
... que mientras los productores comienzan a preocuparse por la nueva falta de combustibles cuando recién está comenzando la cosecha, y por los embates de los camioneros para aumentar las tarifas (un clásico no bien comienza la recolección), todo lo cual hace prever un verano «caliente», los dirigentes analizan cómo queda el tablero oficial donde, de movida, van a tener que ir a «conocer» al nuevo titular del área ya que es la primera vez que un hombre de la pesca accede a la conducción de Agricultura. De hecho, las primeras declaraciones públicas, si bien fueron «prolijas», no dejaron demasiado espacio como para una carta de crédito. Hasta donde trascendió, también los organismos descentralizados se mantendrán sin cambios con Jorge Amaya en el SENASA y en el INTA continuaría Carlos Casamiquela, aunque ahora su vicepresidente sería otro formoseño, Raúl Quintana, en reemplazo de Luis Bazterra recién asumido como diputado nacional FpV y que sería, además, el nuevo titular de la Comisión de Agricultura. Al menos, así se especulaba durante la pequeña reunión en la que se conmemoró el 55 aniversario de la creación del organismo, que data del 4 de diciembre de 1956. Los festejos mayores fueron en Balcarce, pero las máximas autoridades estaban demasiado «ocupadas» viendo cómo caían las fichas de los cargos como para «distraerse» con eso.
... que causó sorpresa el INTA con la última actualización mensual de los datos de cosecha que registraron un poco justificable «salto» del 6% en las previsiones para la soja, y un mucho más insólito aumento del 27% en los de maíz, llevándolo a 28 millones de toneladas (algo que hasta en las estimaciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos ya se descartó). Naturalmente, siempre hay tiempo para la corrección «bajista», tal lo que también acaba de hacer el INTA «desinflando» ahora un 16% los datos de trigo a una mucho más realista expectativa de 12,6 millones de toneladas, igual considerada por muchos como demasiado «optimista». De todos modos, la inquietud más evidente en todas las reuniones era, en realidad, sobre el destino final de Mario Guillermo Moreno (se conoció su primer nombre gracias a que «renunció» a seguir recibiendo los subsidios oficiales a los servicios), el controvertido secretario de Comercio Interior, quien llevó hasta ahora la verdadera voz cantante de la política agroindustrial. También fueron muy interesantes los comentarios en la Bolsa de Cereales donde los semilleros presentaron un trabajo sobre el impacto económico que tendrán los nuevos materiales (semillas) de soja (aún no aprobados en el país) que, a grandes rasgos, se estima en un incremento superior a los u$s 4.000 millones anuales, lo que llevaría a la cadena de la oleaginosa de unos u$s 18.200 millones a más de u$s 22.100 millones, lo que representaría, además, otros u$s 2.100 millones por año para el Estado por vía fiscal (u$s 1.200 millones por retenciones, y unos u$s 850 millones extra por otros gravámenes. Y ahí se entiende claramente el porqué de la importancia que la soja tuvo, tiene y tendrá para las cuentas oficiales. De hecho, se comentó que la soja RR (que aprobó como secretario de Agricultura Felipe Solá en 1996), le dejó al país en 15 años un aporte de u$s 65.500 millones, por reducción de costos de producción y expansión del área cultivada. Ahora, con las nuevas obtenciones, se calcula que también los productores registrarían un incremento de ingresos de entre u$s 50 y u$s 100 por hectárea. También se destacó que estos avances están «demorados» por la falta de reconocimiento de la Propiedad Intelectual, algo que va a tener que encarar finalmente el Congreso el próximo año, ya que la Argentina es casi el único caso en la región que todavía no respeta formalmente este principio. Las discusiones, sin embargo, no pasaban sólo por los números tan impactantes sino, más vale, por «la falta de economistas micro» que hay en el país, que sepan y entiendan de estos temas, y que era sindicada por varios presentes como una de las causas principales de la mala relación que el principal sector económico del país, la agroindustria, sigue teniendo con el Gobierno. «Lástima que (Lorenzo) Basso no escuchó todas estas cifras», se lamentaba un operador, aludiendo a la rápida partida del Secretario de Estado inmediatamente terminada su no muy destacada alocución. Es que el hombre se iba presuroso a la despedida de la cartera de su jefe hasta ese día, Julián Domínguez.
... que la desaceleración económica ya es una realidad, en el mundo y en la Argentina. Lo que comienza a preocupar a varios sectores y se visualiza claramente en los indicadores del sector automotor, el de actividad industrial y hasta en el de ventas en los shopping desde julio-agosto para acá, según se consignó en la última reunión anual que el Estudio Broda realiza todos los meses. Pero el alcance del enfriamiento va mucho más allá, por ejemplo, en el sector de la maquinaria agrícola que venía recalentado en los últimos meses al punto de que, también por el cierre de las importaciones, las fábricas locales tenían comprometidas entregas en algunos casos hasta marzo. El punto es que ahora esa tendencia habría comenzado su reversión, y hasta hay algunos negocios que se están deshaciendo, según comentó en voz muy baja un operador del sector. Para colmo, también se están frenando fuerte las exportaciones, por el enfriamiento de la economía mundial y, como si fuera poco, se registra una fuerte caída de la competitividad. Caída de mercado interno, más caída de mercado externo, más aumento de costos da como resultado un muy mal cóctel.


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