- ámbito
- Edición Impresa
DiDonato, artista virtuosa
El excepcional dominio técnico que Joyce DiDonato ha logrado a través de los años abre las puertas de su expresión y su maestría de los diversos estilos.
Virtuoso es, decía Artur Schnabel, el artista capaz de poner en práctica todo aquello que está en su mente. Si nos atenemos a esta definición, Joyce DiDonato es una de las cantantes más virtuosas de nuestro tiempo, como volvió a quedar demostrado en su segunda presentación en el país, de nuevo en la temporada del Mozarteum Argentino.
Efectivamente el excepcional dominio técnico que DiDonato ha logrado a través de los años abre las puertas de su expresión y su maestría de los diversos estilos. Pero, volviendo a la cita inicial, lo fabuloso en DiDonato es también la riqueza de ese mundo interior, esa nitidez de pensamiento musical que queda plasmada en cada frase y que hace única y distintiva cada interpretación, partiendo siempre desde la palabra y la emoción a comunicar y eludiendo la afectación, la mecanicidad y el desborde.
El programa del recital fue sólida y astutamente construido. La primera parte estuvo íntegramente dedicada al siglo XVIII, comenzando por la cantata "Arianna a Naxos", de Haydn, que permitió a DiDonato (siempre seguida al milímetro por el impecable David Zobel) ir desplegando el universo de emociones de una artista en total madurez. Luego, y ya creado el clima, un breve salto cronológico hacia atrás dio paso al barroco, con un aria de Johann Adolph Hasse ("Morte col fiero aspetto", de "Marco Antonio y Cleopatra") y dos de HTMndel, uno de los autores emblemáticos de su repertorio. "Piangerò la sorte mia", de "Giulio Cesare", tuvo en su voz una interpretación inolvidable, en especial por un giro de efecto sorprendente: la mezzo cantó el da capo de forma deliberadamente destimbrada, y este matiz dio al aria un arco expresivo insuperable. Con la sublime pirotecnia vocal de "Dopo notte", de "Ariodante", cerró la mitad inicial del recital.
La romanza de Nelly "Dopo l'oscuro nembo", de "Adelson e Salvini" (la primera ópera de Vincenzo Bellini) constituyó la mejor puerta de entrada a una segunda parte centrada en autores italianos; es difícil imaginar una interpretación más plena de sutilezas y vocalmente más sólida de la que realizó la mezzo. Su línea volvió a lucirse en la hermosa canción "Beltà crudele", de Rossini, para mudar luego a la agilidad y la gracia de la famosa "La danza", de Rossini-Pepoli.
El ciclo de canciones titulado "I canti della sera", del napolitano Francesco Santoliquido (1883-1971), resultó un maravilloso descubrimiento: se trata de cuatro canciones de crepuscular melancolía en las que música y texto (firmado por el compositor) se funden en una belleza que corta el aliento, especialmente si se las escucha en la siempre sensible y comunicativa interpretación de DiDonato.
En el marco del clima que la artista supo crear con su música y también con sus palabras llenas de gracia y encanto, el recital cerró con una de las piezas más esperadas: "Nacqui all'affanno", clímax de "La cenerentola" rossiniana que parece haber sido escrito para ella.
Como bises, otro estupendo final del mismo autor (el aria de "Zelmira" "Riedi al soglio"), "Non ti scordar di me" de Ernesto De Curtis, y la "Nana" de De Falla, tres testimonios de la gratitud de la "Yankee diva" hacia el público porteño.


Dejá tu comentario