4 de enero 2018 - 00:08

Dilema: cambio de metas o de rumbo

Dilema: cambio de metas o de rumbo
Concordando con opiniones valiosas, el Gobierno cambió la meta de inflación.

Desde el inició de esta administración alertamos tres aspectos del planteo anti inflacionario.

1|Las tasas de interés ofrecidas por el BCRA eran innecesariamente elevadas. Los inversores piensan en dólares, les basta con un rendimiento esperado positivo en dólares. Una tasa en pesos tan superior a la inflación prevista es excesiva. El fisco está desperdiciando recursos. Endeudarse en dólares para financiar erogaciones en pesos comprime la cotización de la divisa y alienta pagos netos al exterior de los privados. Empresas importantes rechazarían endeudarse y vender dólares baratos para pagar gastos corrientes, por perjudicar su patrimonio a mediano plazo.

2|Todos los bancos centrales incumplen sus metas de inflación anuales. Entre otros, los dos principales, Fed y BCE, anticipan inflaciones superiores a las logradas, con fuertes desvíos porcentuales, desde hace una década. Si bien la política monetaria incide en el avance de los precios, ello es cierto en plazos aún más largos y en sociedades donde la moneda propia es la unidad de cuenta. En Argentina, tras una inflación tan perdurable como la memoria de los más ancianos, nos acostumbramos a medir en dólares muchos negocios. Además, una mayoría de los bienes y servicios son transables internacionalmente y sus precios corresponden con los valores externos más los gastos de importarlos y nacionalizarlos. De modo que, aunque le pese a algunos funcionarios, buena parte de nuestros costos varía con la cotización en dólares y los gastos de nacionalizarlos. Otro componente significativo son los costos laborales, cambios regulatorios, las tarifas e impuestos locales. Acostumbrados a la inflación persistente, añadimos un porcentaje por los aumentos esperados de nuestros proveedores y trabajadores. No encontramos un nexo contundente de la tasa de interés en la formación de precios. Si bien un aumento de la tasa podría aplacar la demanda global y frenar alzas, por esa sola vez- cuando sube la tasa- tal efecto potencial se diluye con un programa muy expansivo de la demanda global.

3|Política monetaria instrumentada mediante control de tasas de interés y tipo de cambio flotante cuando la unidad de cuenta que prevalece es el dólar, el sector público domina el mercado financiero, y donde las transacciones en moneda local son poco relevantes, parece un argumento para una ficción borgeana. En resumen, en un país donde los precios se fijan según el costo de oportunidad de nacionalizar bienes importados, o de exportarlos, más tarifas, regulaciones y salarios, fantaseamos con la tasa de interés en pesos. Un país cuya moneda no es unidad de cuenta, mejor acepte las divisas preferidas por la gente para reducir riesgos, descalces y destrabar las capacidades creativas. Y que las entidades financieras y el Estado se preparen para esa innovación. Entonces, reducir los precios en dólares, aliviando de obstáculos redundantes a las actividades productivas y al estado, será el objetivo para superar la pobreza de nuestra gente, consecuencia de tantos años de involución, de concesiones de privilegios a grupos favorecidos por influyentes poderosos. Con esa liberación de capacidades, la competencia impulsará especializaciones de tareas y mayor conocimiento. En tanto la estructura institucional vaya generando la confianza que ese proceso será duradero.

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