5 de junio 2015 - 00:18

Dilema Massa: opciones y cálculo daño-beneficio

Córdoba fue ayer epicentro de la política criolla. Coincidieron allí Mauricio Macri y Sergio Massa; uno para verse con Oscar Aguad; y el otro, con José Manuel de la Sota. También anduvo Karina Rabolini.
Córdoba fue ayer epicentro de la política criolla. Coincidieron allí Mauricio Macri y Sergio Massa; uno para verse con Oscar Aguad; y el otro, con José Manuel de la Sota. También anduvo Karina Rabolini.
 Sergio Massa entró en "reset". El tigrense experimenta la dolorosa metamorfosis de presidenciable top a una categoría fastidiosa e incierta: silvestre candidato a gobernador, socio menor de Mauricio Macri o, como último recurso, verdugo o benefactor de la suerte de los demás.

En un déjà vu del cierre de listas de 2013, un Massa más presente y más herido que aquél ostenta una bala notable y perentoria: su posición en el ring puede modificar el "statu quo" electoral para darle al espacio opositor una dosis de expectativa o, por el contrario, intervenir de rebote en la suerte de proyecto K.

Matemáticamente, Massa ya quedó fuera de la porfía presidencial: las cifras más optimistas lo ponen a casi 15 puntos de Mauricio Macri. De todos modos, retiene un caudal poderoso de votos en la provincia de Buenos Aires que lo convierten en una pieza altamente atractiva y, sobre todo, determinante.

El tigrense colecta, según datos de esta semana, entre un 20% y un 22% del voto bonaerense. Aparece varios puntos arriba de María Eugenia Vidal, la candidata del PRO, pero algo debajo de lo que Macri junta como oferta presidencial.

Los 20 puntos bonaerenses equivalen, en el tablero de las urnas, a 2 millones de votos, una carta dorada que Massa tiene en su mano, pero que, a cada hora, tiende a depreciarse. Aparece, en paralelo, sometida a una incógnita: si Massa pacta con Macri, ¿qué porcentaje de esos votos retiene y aporta al ensamble anti-K?

Desangres

El macrismo, que baila al ritmo de Jaime Durán Barba, pone el foco más en el riesgo de tener que salir a "explicar" un acuerdo con un pejotista que fue kirchnerista -y al que Elisa Carrió enlazó con la "narcopolítica"- que en el beneficio de juntar el voto opositor que arrima, o dice arrimar, el de Tigre. Lineales, en el PRO creen que la primaria opera como una instancia que polariza y ordena, y que hará que el voto massista anti-K migre, inevitablemente y sin otro destino de utilidad, a Macri en la general de octubre.

El desangre que sufrió Francisco de Narváez en 2013 constituye una jurisprudencia válida, pero no infalible. En aquel turno, el diputado cayó de 11 puntos en las PASO a 5 en la general, diferencial que representó medio millón de votos y salió en auxilio del ganador, Massa, que creció del 35 al 44%.

Al fundador del Frente Renovador le queda el 22%, la mitad de lo que cosechó en octubre de 2013. Es con ese caudal, que se escurre sin diques, que calibra sus variables:

I. El pacto con Macri es la opción premium, si el porteño lo acepta de candidato a gobernador, con o sin disputa con Vidal. Una interna contra la dama de Morón no parece tener demasiado sentido: si el tigrense pierde y no llega a octubre, a Macri no le sirve, porque pierde peso la alianza sin la marca Massa en la boleta. Si el tigrense está para ganar, para el PRO no hay motivo de exponerse innecesariamente a una derrota. Síntesis: la lógica es que si hay pacto, Massa sería candidato a gobernador único y pujará para tener, además, preeminencia sobre el armado de las listas bonaerenses y libertad para sostener a los suyos en los territorios en primarias contra los candidatos del PRO. El macrismo martilla con una oferta inaceptable. "Estos están locos, insisten con la propuesta del massismo sin Massa", se lamentó Joaquín de la Torre al cerrar una charla, el lunes, con Emilio Monzó. El alcalde de San Miguel es una pieza estelar en el engranaje Massa y, a diferencia de otros como Gabriel Katopodis, se sentiría más cómodo en un acuerdo con el PRO que de regreso en el FpV. Fue, de hecho, el alcalde que tuvo la relación más fría y distante con Néstor Kirchner. A De la Torre Vidal le propuso que sea su vice, pero eso forma parte de la alternativa devaluacionista del PRO de incorporar a los massistas, pero mandar a Massa a esperar el próximo turno. "Como en 2013, pero al revés: esa vez, Mauricio levantó su lista y le dejó el protagonismo a Sergio sin pedirle nada a cambio. Ahora, él debería hacer lo mismo", dicen desde el PRO.

II. Sin acuerdo con Macri, Massa contempla la variable de lanzarse a una cruzada temeraria y poco prometedora: jugar a gobernador con boleta corta, es decir, sin candidato presidencial. Aníbal Fernández, con intereses en la grilla bonaerense, se aventuró con la tesis de un Massa con colectora de Macri, chance que sólo le serviría al porteño, porque Massa le traccionaría votos suyos, pero Macri derramaría los propios hacia Vidal, su candidata. La lista corta de Massa gobernador, un ensayo de laboratorio, pone sobre la mesa un componente más interesante, porque abre las puertas sobre a quién perjudica y a quién daña. Una versión que ronda en Tigre sugiere que José Eseverri, en su regreso al FpV, aparece como un soldado de esa causa con respaldo de un sector de la Casa Rosada, para dañar a Daniel Scioli, porque parte del voto de Massa iría a Florencio Randazzo antes que al gobernador, en la carrera presidencial K. Es un enjuague curioso suponer que el tigrense, en el "sprint" final, sólo se limite a hacerle daño a su vecino, Scioli, ése con quien estuvo a horas de sellar una alianza electoral en 2013.

III. La tercera variable, a simple vista la más simple -porque depende sólo de sí-, es la más perjudicial, y consiste en lograr que José Manuel de la Sota sea su vice y apostar a que Macri sume derrapes electorales en Mendoza y en Santa Fe y tenga una mala experiencia en Capital el 5 de julio: es decir, sume fracasos que deterioren su candidatura presidencial. Decidir continuar -más allá de los recursos necesarios para completar la aventura- es arriesgarse a terminar en octubre con menos de un dígito. En la decisión de seguir hasta el final, al igual que en la de bajarse y no ser candidato a nada, Massa debe hacer la ecuación más difícil: cotejar a quién beneficia y a quién perjudica con sus movimientos.

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