Según el Gobierno de Brasil, aunque no está previsto, tampoco puede ser totalmente descartado un encuentro bilateral en San Petersburgo para hablar sobre las denuncias divulgadas por la TV Globo, en base a documentos filtrados por el exconsultor del servicio secreto estadounidense Edward Snowden, hoy refugiado en Rusia.
La sospecha de que la NSA monitoreó los contactos telefónicos y por e-mail de Rousseff con sus asesores -así como los contactos del presidente de México, Enrique Peña Nieto, cuando era candidato al Gobierno- generó un terremoto político en Brasilia.
La presidenta brasileña, quien según asesores se manifestó "indignada" y "muy irritada" por el caso, viajó el lunes a la noche a San Petersburgo después de un día totalmente dedicado a reuniones con varios ministros para debatir la reacción del Gobierno al supuesto espionaje.
Según los analistas políticos brasileños, aun cuando no se concrete una reunión Rousseff-Obama, el tema será tratado por la presidenta brasileña en San Petersburgo, durante o al margen de la cumbre del G-20, que reunirá en Rusia a los líderes de los países industrializados y emergentes en los próximos dos días.
En una primera reacción frente a las denuncias, el canciller brasileño, Luiz Alberto Figueiredo Machado, convocó el lunes a una reunión al embajador estadounidense en Brasilia, Thomas Shannon, y exigió explicaciones "formales y por escrito" de Washington.
Además, dejó en claro que, si se confirman las versiones, ello supondrá una "violación de soberanía", que será denunciada en los foros internacionales y en los contactos con otros países y generará "medidas" respecto a la relación con Estados Unidos. "No podemos aceptar violación de soberanía. Aguardaremos la posición de Estados Unidos y, en base a ello, las medidas que necesiten ser tomadas serán anunciadas", afirmó asimismo el ministro brasileño de Justicia, José Eduardo Cardozo.
El Gobierno evitó anticipar qué medidas podrían ser adoptadas, pero la agencia oficial brasileña ABR aseguró que Rousseff "sopesa alternativas" que incluyen "aplazar o hasta cancelar la visita de Estado" a Washington, programada para el 23 de octubre próximo, la primera en su tipo desde 1995, durante el mandato de Fernando Henrique Cardoso.
Al ser indagado sobre la posibilidad de cancelación de la visita, el canciller Figueiredo Machado optó por no contestar: "No voy a hablar hoy sobre el viaje", se limitó a decir.
En ese marco, el Senado brasileño instaló ayer una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) a raíz de los hechos, cuya primera medida fue pedir que el periodista del diario británico The Guardian, Glenn Greenwald, que reside en Brasil y divulgó las denuncias, reciba protección policial, así como su pareja David Miranda. "Ellos son fundamentales para la investigación y tenemos la clara impresión que están en una situación de vulnerabilidad", dijo la presidenta de la CPI, Vanessa Grazziotin, del Partido Comunista.
Grazziotin recordó que tras esas denuncias, el departamento de Greenwald fue robado y que su pareja fue retenida por ocho horas por las autoridades británicas en Londres y numerosos archivos y aparatos electrónicos retenidos.
| Agencias DPA, EFE y ANSA |


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