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Diva olvidada revive en notable musical
Ivanna Rossi recrea algunos de los antiguos hits de Celia Gámez, como “Ay ,qué triste ser la viuda” y “Pichi es el chulo que castiga”.
Como la Sally Bowles de "Cabaret" pero con repertorio hispano, la protagonista de este show musical es de las que encuentran su verdadera patria en la escena y hacen caso omiso de las miserias de este mundo, porque su misión como artistas es hacer feliz al público. La insuperable voz de Ivanna Rossi ("Forever Young", "Boccato di cardinale", "Ella") unida a su carisma y magnetismo, hace posible que la actriz, cantante y bailarina Celia Gámez (1905-1992) salga del olvido con una vitalidad arrasadora y a través de una versión, mejorada, de sus canciones más populares.
Gámez dejó su Buenos Aires natal siendo una bailarina del montón para ir a España a cobrar una herencia. Alguien muy influyente la escuchó cantar tangos en un tren y tras una serie de afortunadas coincidencias la artista argentina se transformó en la reina del music-hall español.
Sus amoríos con Alfonso XIII; las escandalosas letras de su gran éxito revisteril, "Las Leandras", con canciones como "Ay qué triste ser la viuda" y "Pichi es el chulo que castiga" (cordial retrato de un proxeneta); más los rumores de lesbianismo y una larga lista de amantes, le dieron fama de libertina.
Aunque también fue una artista muy rigurosa que invertía todo su dinero en lujosos shows y que sometía a sus elencos a una disciplina prusiana en su búsqueda de la excelencia.
Es la propia Gámez quien se encarga de narrar al público sus aventuras y desdichas, pero sin ahondar en los episodios más oscuros de su vida, como su connivencia con el franquismo o sus últimos años en la Argentina. Algunos pasajes no despegan de lo narrativo (especialmente cuando la protagonista enumera sus triunfos con esmero curricular), otros en cambio dinamizan la acción apelando el humor, como los secreteos de camarín que comparte con sus simpáticas coristas.
No obstante, el cuadro más logrado en lo dramático es el del final, cuando la artista se despide del mundo cantando "Vivir, vivir" mientras afloja, una por una, las luces de su camarín.
El vistoso vestuario creado por Renata Schussheim se adueña del espacio, y junto con los arreglos musicales de Jordi y el excelente acompañamieno en vivo de Santiago Rosso (piano), Juan Pablo Togneri (contrabajo) y Natacha Tello (violín), enaltece la calidad de este espectáculo.


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