La comisión bicameral que analiza los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), presidida por el diputado camporista Marcos Cleri, suspendió la reunión prevista para hoy en la que se iba a tratar el régimen de extinción de dominio, que busca recuperar bienes de la corrupción, narcotráfico y trata de personas, entre otros delitos. La caída del convite deja varias áreas de análisis, más allá del guiño y extensión de vida de la decisión presidencial, al menos, por unas semanas. Veamos.
DNU: extinción de dominio suma vida en el Congreso
Ante una derrota en la bicameral, el kirchnerismo que preside la comisión suspendió el convite. Extraños pedidos de opiniones activan demora. Así, habrá más tiempo para negociar y evitar trifulca en recintos.
Horas antes de la suspensión -Cleri dijo que fue “de acuerdo con lo solicitado por los legisladores integrantes” de la comisión-, oficialismo y oposición confirmaban la ausencia anticipada de la senadora salteña Cristina Fiore. Sin ella, el antimacrismo no podía forzar un empate y utilizar el voto doble del presidente de la bicameral. No obstante, los dictámenes no son vinculantes y la única forma para que caiga un DNU es que sea rechazado por ambas cámaras, a través de mayoría simple.
Cleri también formalizó un pedido de informes al Poder Ejecutivo sobre el DNU que permitirá licitar frecuencias que tiene Arsat -pese a que aún está vigente en Diputados el tratamiento de la ley corta de telecomunicaciones, que incluye dicha cuestión- y que también solicitó sobre este tema, al igual que con la extinción de dominio, la opinión de varias comisiones permanentes. Es por este motivo que, al menos hasta que se inicie el período de sesiones ordinarias -1 de marzo próximo- y que surjan interpretaciones de cada cuerpo la bicameral no dictaminará, una situación que podría darse ese mismo mes o en los siguientes.
Si bien la comisión debe despachar en 10 días hábiles, por “tradición”, cada DNU fue tratado en la bicameral a la hora de ser dictaminado, sin importar plazos expirados. A partir de allí se abre el juego político, con el kirchnerismo que intentará inmolarse para rechazar la extinción de dominio que propone el Ejecutivo, y con un oficialismo que aprovechará esa carta para la campaña.
En peor lugar y momento quedó el peronismo, que no puede pegarse a un camporismo que siempre lo despreció, más allá de pantallas mediáticas actuales sobre los llamados a la “unidad” y cánticos tradicionales para olvidar el “vamos por todo”. El justicialismo demasiado pegado está al desafuero de Cristina de Kirchner como para tragarse el sapo de la extinción de dominio.
Más allá de todos estos senderos, Cambiemos no puede asegurar, menos con minoría en ambas cámaras, la ratificación del DNU en el recinto y tampoco abusar de la buena fe del peronismo en pleno año electoral. De allí que el tiempo de extensión del debate se convirtió ayer en un alivio para oficialismo y oposición, al menos para continuar en negociaciones.
En 2016, un polémico texto fue aprobado entre massistas, macristas y peronistas. Dos años más tarde, el justicialismo junto al kirchnerismo demolieron esa iniciativa y aprobaron modificaciones muy lejanas a la versión original, y Cambiemos no acompañó. En resumen, un Congreso insólito que alimentó al Gobierno a despreciarlo, lo cual fue realizado desde el Ejecutivo con ahínco.
Aún más curioso fueron los oficialistas que alimentaron, tras el DNU, la posibilidad de retomar el debate de una ley. En ese error garrafal cayó el resbaladizo ministro de Justicia, Germán Garavano.
Mariano Casal
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