27 de septiembre 2023 - 00:00

Dúo Chiachio & Giannone celebra con una muestra

“Comechiffones”, en la galería Ruth Benzacar, eleva bordado de pañuelos y carpetitas a obras mayores que los magnifican como vitrales de catedrales.

comechiffones. La singular pareja presenta esta muestra hecha a base de retazos en galería Ruth Benzacar.
comechiffones. La singular pareja presenta esta muestra hecha a base de retazos en galería Ruth Benzacar.

La galería Ruth Benzacar exhibe en estos días la muestra “Comechiffones” del dúo de artistas Chiachio & Giannone. “Dos barbudos de pelo cano recolectan trapos en una metrópolis cambiante”. Así presenta Leandro Martínez Depietri, curador de la extensa y llamativa exposición, a Leo Chiachio (1969) y Daniel Giannone (1964). “Son, a mucha honra, dos putos cancheros y dos señoras”, agrega.

El término “Comechiffones” le brinda título a la muestra y proviene de la combinación de “comechingones”, nombre de una etnia argentina destacada por sus barbas y, “chiffones” o, telas, traducido del francés. Chiachio & Giannone conforman una sociedad que cumple en esta muestra 20 años como pareja y también como grupo artístico. Ambos comenzaron bordando pañuelos y carpetitas como las que se encuentran al ingresar a la sala. Blancas e inmaculadas, con sus festones y bordes ondulados, las carpetitas ostentan mensajes que los definen como: “Los madurones”, “Unidad creativa”, “Los primeros artistas post-gay”, “’Divinos’” o “la familia queer primaria”.

La pared que se divisa al ingresar a la galería está entelada y estampado sobre el lienzo, como el sello de una marca, en un delicado tono verde, aparece el logo circular que encierra el perfil de los artistas con sus barbas entrelazadas. Luego, en medio de la gran sala hay una gran ambientación con muebles de estilo, piso damero y numerosas plantas rodeando su inmenso autorretrato bordado, con los perritos salchicha entre las manos. Adornados con incrustaciones, los bordados de esta pieza exhiben el mayor valor ornamental. Detrás de uno de los retratos se encuentra un gran retazo de Toile de Jouy. Los artistas aseguran que la tela proviene del museo de las afueras de París dedicado a contar la historia de estos diseños franceses del siglo XVIII, con motivos cortesanos y suaves colores azules, verdes o rojo.

En las paredes, Chiachio & Giannone exponen la serie de gobelinos llamada “Catedral”, surgida a partir de los vitrales de la imponente catedral Saint-Etienne de Bourges que, casi diariamente, visitaban durante su estancia en Francia. De sus excursiones a Bourges, volvían con las visiones de ensueño de los vitrales y de las tensas formas del exterior del edificio, las gárgolas y los agudos diseños de la arquitectura medieval. Como un homenaje, toda la serie de gobelinos está intervenida con una obra de Yente, la primera artista abstracta argentina. Las formas geométricas se repiten sobre las escenas galantes y paisajes de los tapices, algunas están impresas con la técnica de la serigrafía y otras reiteran esos mismos dibujos, con cintas de colores cosidas sobre la trama. Chiachio compara las obras de Yente con ventanales que se abren en la galería. Luego establece una relación entre la repetición del motivo abstracto de Yente y la asocia con la búsqueda de Monet y las 30 versiones que pintó de la catedral de Rouenpara capturar los cambios de la luz.

El curador, Martínez Depietri, explica: “La acumulación de retazos es efecto de un soplo caprichoso de aquel viento que llamamos eterno retorno, el que ofrece siempre la posibilidad de nuevas composiciones. Chiachio & Giannone son depositados por ese mismo vendaval como una encarnación sudaca y trasnochada de los chiffoniers decimonónicos. Con sus barbas blancas que repiten incansablemente, tienen mucho de arte sabio y transgresor de estas figuras olvidadas. Estos personajes vivían a la sombra de la ciudad de las luces, eran cartoneros del resto suave de la industrialización moderna y entraron así por la puerta grande de la cultura europea”.

Mientras los chiffoniers recolectaban la materia prima de la pulpa de papel, base imprescindible de las páginas donde se escribiría la historia de la humanidad, los comechiffones locales dejan volar su imaginación “chiffon por chiffon”. Trabajan pacientes, con la aguja y un hilo largo en la mano, unen retazos y más retazos, hasta componer imágenes que los alberguen en medio el despliegue grandioso del arte que tanto admiran y, a la vez, del sentimiento de felicidad doméstica que los embarga.

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