29 de septiembre 2009 - 00:00

Efecto Sta. Fe: baja Lole, sube Urtubey, con Kirchner al acecho

Juan Manuel Urtubey y Carlos Reutemann.
Juan Manuel Urtubey y Carlos Reutemann.
Juan Manuel Urtubey se desprendió, tras su tercera victoria consecutiva, del karma Juan Carlos Romero. El salteño derrotó al ex gobernador, alguna vez su padrino, incluso en Salta capital, el territorio donde suponía que podía agriarle un festejo provincial.

Romero, que todavía resiste como jefe formal del PJ, era el último escollo de entrecasa que acechaba a Urtubey antes de lanzarse, en un doble juego, a sostener su reelección como gobernador en 2011 sin perder de vista la grilla presidencial.

Entre hoy y el jueves, el gobernador paseará por Capital sus medallas: cerrará, este mediodía, un ciclo de conferencias organizado por la embajada francesa y pasado mañana, prologado por Antonio Cafiero, y junto al chaqueño Jorge Capitanich, hablará en el Instituto Juan Perón.

El triunfo de pago chico le otorga, al salteño, una visibilidad que se refuerza porque, en el mismo turno electoral, Carlos Reutemann padeció, en una elección imprecisa y con el PJ desgajado, un triunfo del socialismo de Hermes Binner en Santa Fe.

Si no perdió en primera persona -no era, de hecho, candidato-, al menos retrocedió porque se recuperó su principal adversario local, Binner. La celebración, entre pronósticos presidenciales del 28-J, se desdibujó un poco más el domingo luego de la victoria del PS.

Lole -a diferencia de Urtubey, poco visible en la elección- pagó el costo de dos episodios: la deserción de Roxana Latorre, que lo lastimó de rebote, y sus vaguedades respecto a una eventual, cada vez menos considerada por el PJ, postulación presidencial.

Todo lo contrario ocurrió con el salteño. Ganó aun donde suponía que podía perder -unos días antes estaba un 4% abajo- y, como mínimo, dinamitó el fantasma Romero que lo mantenía, preventivamente, enfocado en la provincia. Sin que sea definitivo, hace menguar ese peligro.

Dependencia

De todos modos, Urtubey evitó la proclamación a viva voz. El motivo de esa debilidad puede rastrearse en el mismo factor que fue su ventaja: es gobernador y, como la mayoría, depende del buen ánimo y la voluntad de la Casa Rosada para atender asuntos provinciales.

Lo más arriesgado -para algunos demasiado- fue empardar a Néstor Kirchner con Eduardo Duhalde, para catalogar a ambos como dirigentes que cumplieron su ciclo político. Se sobreentiende que al patagónico, comparación y categoría no le simpatizaron.

Es más, desde Casa Rosada han enviado a Urtubey mensajes sugerentes respecto a que no debería tomar tanta distancia de los Kirchner. En giro, su última cita fue mano a mano con Cristina de Kirchner y estuvo lejos, demasiado, de ser un diálogo amable.

Algo más: hasta ahora había estado callado, pero hace tiempo que el salteño no aparece en una foto oficial junto a Cristina de Kirchner.

Kirchner, claro está, no quiere competidores dentro del PJ. El padecimiento del 28-J se agravó por el triunfo de Reutemann. Ahora tambalea el Lole pero surge, visible y pretencioso, Urtubey que ni en los mejores tiempos recibió, más allá de Alberto Fernández, soporte K.

Ayer lo saludaron, lo convocaron a Casa Rosada y, seguro, buscarán mostrarlo en algún evento junto a la Presidente. Un peronista ganador, aunque no sea plenamente K, es para la Casa Rosada una perla de valor incalculable.

Desde octubre de 2007 -con la única excepción de «Camau» Espínola en Corrientes capital- el kirchnerismo no se puede permitir una celebración electoral. No pudo, siquiera, festejar en Santa Cruz. Por eso, el Gobierno buscará abrazar al salteño.

Todo, en Kirchner, esconde una acechanza. El operativo para cercar a Urtubey le impedirá matices sutiles y le exigirá, llegado el momento, ser más extremo y crítico para diferenciarse del matrimonio K. Reutemann ya lo había logrado pero la suerte, en las urnas, no parecieron detectarlo.

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