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Ejercicio de convivencia PJ: Cafiero cumplió 90
Peronistas hicieron pausa en diferencias internas ayer para acompañar a Antonio Cafiero en su cumpleaños 90: Gustavo Marangoni (presidente del Banco Provincia), Agustín Rossi, Julián Domínguez, Daniel Scioli, Carlos Corach, Eduardo Valdés.
El festejado permaneció en una sala de la casona rodeado de condecoraciones y algún valioso cuadro de la escuela cuzqueña y recibió sentado en el sillón a los visitantes que, como en otras oportunidades cafieristas, se limitó a peronistas (ni un radical, aunque fuera para cortar tanta militancia). Después del saludo pasaban todos a una carpa en la que la familia había previsto un tentempié de salados y bandejeo vario para soportar el calor del verano adelantado con 26 grados.
La convocatoria sirvió, claro, para el ejercicio de convivencia a que se someten los peronistas todos los años cuando van a este cumpleaños. Cada cual midió, segundo a segundo, el grado de aceptación de los otros, quién lo saludaba y quién lo eludía. Inevitable si coincidieron ayer figuras del peronismo que gobierna, figuras que ya son historia y otras que protagonizaron Gobiernos peronistas antes del kirchnerismo de hoy. Mermó algo la asistencia del oficialismo porque a la misma hora Cristina de Kirchner hablaba por la cadena nacional (ver pág. 3), pero el afecto por el convocante primó por sobre el protocolo.
Presentes
Estuvieron, de los peronistas que gobiernan, Daniel Scioli (acompañado por Gustavo Marangoni, Cristina Álvarez Rodríguez y Jorge Telerman), Carlos Tomada, Julián Domínguez (quien le entregó a Cafiero el premio Néstor Kirchner que concede la Cámara de Diputados), Agustín Rossi, Carlos Kunkel, los intendentes Hugo Curto y Darío Giustozzi y una ristra de legisladores y exlegisladores como Teresa García, Jorge Landau (llegó tarde, pero igual fue atosigado como experto en electoralidades sobre voto a los 16 y reelección), Diana Conti, Graciela Giannettasio y José María Díaz Bancalari. De los veteranos, con sus 97 años, José María Castiñeira de Dios, Lorenzo Pepe y Duilio Brunello. De la otra vereda, peronistas disidentes como Felipe Solá, Fernando Galmarini, Teresa González Fernández, Miguel Ángel Gallardo, Carlos Campolongo, Eduardo Amadeo, Alieto Guadagni, «Chicho» Basile y Jorge Villaverde.
Hubo testigos de todas las épocas como Osvaldo Agosto, Moisés Ikonicoff (dedicado hoy a escribir sus memorias y a quejarse de que no tiene edad «para salir de fierros» como quisiera; debe una explicación sobre ese deseo imaginario) y Felipe Yofre, y también compañeros de ruta como Carlos Grosso, Roberto Digón, Eduardo Valdés, Ginés González García, Osvaldo Papaleo, Martín García, Enrique Albistur, y un ex que sigue caminando algo solo, Jorge Taiana. Infaltables, claro, el exembajador Jorge Herrera Vega; el exprocurador Joaquín Da Rocha; el exembajador Hernán Patiño Meyer; Mario Cafiero; el filósofo Silvio Maresca; el presidente del Consejo de la Magistratura, Manuel Urriza, y la defensora porteña Alicia Pierini. Peronista de todos los tiempos y miembro de la Corte Suprema, Juan Carlos Maqueda fue uno de los primeros en llegar y el último en irse, como todos, con un CD temático sobre la vida de Cafiero «Militancia sin tiempo».
En el medio, más saludado de lo que se supondría por un padrón que busca alejarse de los 90, sonreía también Carlos Corach.
Estos cumpleaños de Cafiero han sido durante varios años el lugar común de encuentro de las tribus del peronismo que suspenden por un instante las crueles hostilidades en las que viven todo el año para presentarse ante el celebrado, decirle que lo quieren, que lo respetan y que hubieran querido ser como él: eterno, dignatario de todas las dignidades (ministro, diputado, senador, embajador, gobernador). Pero los amores políticos son amores perros, animados de dentelladas y agravios hacia los propios -que, diría Mallea, como en otros terrenos de la vida, terminan siendo los enemigos del alma- seguidos de pausas para lamidas y reconciliaciones que son siempre efímeras. De ahí que Cafiero termine, especialmente en estos cumpleaños, siendo una función de voluntades ajenas, que en política son mezquinas. ¿Acaso Cafiero no debería ser senador, diputado o embajador del partido de Gobierno, que acude a su casa buscando perdón y exorcizar las disidencias por unas horas para tomar fuerza y volver a la inquina entre hermanos? El peronismo gobierna en este turno desde 2003 y Cafiero dejó su último cargo, senador por Buenos Aires, en 2005.
Pudo ser cabeza de lista del PJ del distrito a diputado en tres elecciones y nadie se lo ofreció (más suerte tuvo en el final de su vida, no siendo peronista, Oscar Alende, quien encabezó en dos elecciones las listas que armaba Eduardo Duhalde en el PJ). El cargo más alto de este ciclo se lo debe a Eduardo Camaño, quien lo tuvo de jefe de Gabinete en los dos días y medio en que éste estuvo a cargo de la presidencia. Cada vez que el peronismo entra al torbellino, acude a él, por dentro o por fuera del rito del cumpleaños. En 2009, cuando el peronismo venía de la derrota del 28 de junio en las legislativas, la cúpula del oficialismo mordió el freno y lo eligió como emblema de la unidad partidaria y puso a Cafiero como tema de la celebración del 17 de octubre. Lo hicieron ciudadano ilustre de la provincia de Buenos Aires (en realidad Antonio nació el 12 de septiembre de 1922 en la Capital Federal) y lo subieron al escenario del Teatro Argentino de La Plata junto a Néstor Kirchner, Daniel Scioli -cabeza de la lista testimonial que había perdido las elecciones-, Cristina de Kirchner, Alberto Balestrini y Hugo Moyano. Mostrarse junto a Cafiero -que prestó en ese momento su último servicio al peronismo- pareció la búsqueda de una identidad partidaria que podía dispersarse tras la derrota de junio.
Jinete de tantas batallas, Cafiero gozó anoche en su casa de la vigencia que tienen algunas realizaciones que siguen produciendo consecuencias después de años. A la hora del brindis, el Senado votaba el quite de fondos judiciales del Banco Ciudad para pasárselos al Banco Nación, una consecuencia del recorte de facultades que le impuso al distrito autonomizado en 1994 la ley de 1996 que lleva el nombre de Cafiero. Sin esa norma (la Ley 24.588), el distrito que nació del Pacto de Olivos hubiera logrado autonomía plena y le hubieran sido traspasados todos los servicios con sus fondos. También en estas horas, fue el otro comentario de los invitados de anoche en Lomas de San Isidro, se los juzga a Fernando de la Rúa, exfuncionarios y exsenadores por el caso que él denunció de presuntas coimas en la sanción de la reforma laboral en abril del año 2000. Cafiero dio testimonio de dichos de sus colegas por presuntos cobros, se plegó a la posición de Chacho Álvarez y de su hijo Juan Pablo -entonces funcionarios de la Alianza que conspiraron contra su presidente, De la Rúa- para llevar el caso a la opinión pública y a la Justicia. Por esa magia que suelen inspirar algunas maniobras en la política, nadie le preguntó a él si había cobrado por votar esa norma como el resto del bloque del PJ de entonces. Dijo en sus «Memorias» que lo hizo por disciplina partidaria, aconsejado por Eduardo Menem, y que eso le produjo costos personales y políticos. Ahora tiene turno en el juicio que se le sigue a De la Rúa para que ratifique o rectifique esas percepciones en la que será la declaración más resonante de ese juicio.


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