13 de diciembre 2010 - 00:00

El año electoral traerá un dólar calmo y señales para estar atento

El año electoral traerá un dólar calmo y señales para estar atento
Antes de una elección presidencial hay siempre una única pregunta en lo financiero: ¿qué pasará con el dólar? En esta oportunidad, por diferentes factores, todo indica que en 2011 el tipo de cambio no tendrá mayores saltos. El consenso de los economistas lo ubica para fines del año próximo a $ 4,20. Las operaciones a futuro en Nueva York se están pactando a $ 4,35 a un año, lo que implica una tasa implícita que es menor que la mitad de la inflación esperada. Es decir que el mercado ya anticipa en cierta medida un 2011 calmo en lo que respecta a la divisa.

A decir verdad, las últimas elecciones presidenciales no implicaron demasiada volatilidad para la moneda estadounidense. El traspaso de mando de Raúl Alfonsín a Carlos Menem fue el extremo opuesto. Cuando se disponía a asumir Fernando de la Rúa, no había demasiadas dudas sobre la continuidad de la convertibilidad. Todos los candidatos entonces decían a coro que iban a mantener el 1 a 1 dado que sostener algo diferente era un sacrilegio e inmediatamente los sacaba de la competencia. No era fácil hacerlo ya que Brasil había devaluado su moneda, pero De la Rúa lanzó un duro ajuste fiscal para mantener la paridad. La historia posterior es conocida.

En las elecciones de 2003 tampoco el tipo de cambio era un problema. El dólar ya flotaba con intervenciones esporádicas del Banco Central, aunque estaba tan sobrevaluado tras el abandono de la convertibilidad que nadie esperaba nuevas devaluaciones del peso.

Roberto Lavagna, ministro de Eduardo Duhalde y seguro ministro del entonces delfín de éste, Néstor Kirchner, garantizaba que nada cambiaría. Y los que competían contra Kirchner entonces eran «amigables» para los mercados, como Carlos Menem y Ricardo López Murphy.

Luego, en 2007, con Cristina de Kirchner pasó lo mismo. Las encuestas previas con amplia ventaja sobre sus competidores, como Elisa Carrió, llevaron a que no hubiera grandes trastornos en lo cambiario.

En los meses previos a la elección, las encuestas tienen su impacto en la evolución del dólar. No sería lo mismo que en marzo se vaya perfilando Pino Solanas como candidato ganador que Daniel Scioli, la propia Cristina o Carlos Reutemann. Un candidato con altas chances de ganar y «amigable» para el mercado puede traer una ola de dólares sobre el país, apostando a que la Argentina va a abandonar el barco en el que se encuentra con Hugo Chávez para pasarse al otro, que comandó Luiz Inácio Lula da Silva, y en el que ya están hace tiempo los presidentes de Chile, Colombia, Perú y Uruguay.

Es decir que las encuestas marcarán el tipo de cambio seguramente desde marzo en adelante. Pero quizá surja en el ahorrista un interrogante que puede ser decisivo en los cálculos del dólar a futuro: ¿y si quien gana devalúa apenas asume? En estos temores pesa la sensación -equivocada o no- de que el tipo de cambio en la Argentina está retrasado.

Este fantasma puede hacer crecer, a medida que se acerque la fecha de las elecciones, la demanda de dólares por parte del público en las casas de cambio. Más allá de que en elecciones anteriores no hubo grandes saltos de la divisa, esa estabilidad esconde siempre una mayor demanda minorista de billetes norteamericanos que es compensada con ventas del Banco Central o liquidaciones de exportadores. Recuérdese que en la crisis con el campo las compras de dólares en las sucursales de los bancos llegaron a ser de u$s 150 millones diarios y más. Es decir que la sensación térmica que perciba el ahorrista tendrá un papel importante en el tipo de cambio o, al menos, en el stock de reservas del BCRA. Esto porque se espera que la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont no dejará mover el dólar antes de las elecciones y sacrificará reservas llegado el caso para que no se dispare.

De fondo, lo que hoy mantiene en bajo nivel del dólar a futuro es la cosecha récord. Puede superar los 100 millones de toneladas, lo que asegura desde marzo una liquidación de dólares récord en la plaza local. Todo juega para que el dólar se aplaste: los precios de los bienes exportables están elevados y la cantidad de lo que la Argentina colocará en los mercados externos será récord. El mejor de los mundos en lo cambiario.

El problema eventualmente será para el BCRA, que podría tener que emitir más pesos en la plaza para evitar que el dólar se desplome. Hace dos meses modificó el Programa Monetario porque se había excedido en los límites de emisión y, pese a los recálculos efectuados, una vez más está al borde del incumplimiento.

El contexto internacional es otro ingrediente. Ya no se duda de que Estados Unidos dejó atrás la crisis. En la Unión Europea la situación es diferente. Aún lucha por barrer los temores de un default generalizado en países como Portugal, España, Italia, Bélgica y hasta Francia. Pero los últimos días se jugaron cartas fuertes. Aun en los días de pánico, no hubo fuertes compras por parte del público de divisas. En cierta medida, al haberse aislado en lo financiero del mundo, la Argentina indirectamente ve morigerado el impacto de una crisis. Los bancos no tienen otorgados al público y empresas créditos a largo plazo. No hay burbuja en ese sentido que pueda explotar. Tampoco tiene probabilidad de default. Es que nuevamente, haberse refugiado en el mismo barco que Chávez dejó a los argentinos sin posibilidad de créditos hipotecarios y tasas bajas. Una burbuja inmobiliaria en la Argentina es casi imposible por las limitaciones que existen para la obtención de financiamiento.

Para los mercados puede ser preocupante una inesperada suba de la tasa de interés a 10 años en Estados Unidos. Pero no es algo que pueda gatillar fuertes alzas en el dólar en la plaza local. En este escenario se produciría un alza en el riesgo-país y una caída de las acciones en la Bolsa de Comercio.

El BCRA no tendrá problemas para mantener el tipo de cambio sin generar inflación. Es que habrá más salida de fondos financieros del país. Hoy los altos niveles de precios que ostentan los papeles de la deuda argentina se deben a que el mercado aguarda dos años de tasas bajas en Estados Unidos. Un cambio en estas expectativas produciría un efecto inverso al observado desde septiembre en la plaza con el riesgo argentino. Es lo que se debe temer. Que refloten fantasmas de recesión en Estados Unidos no es probable. Todo lo contrario: es más factible que ese país muestre síntomas de una recuperación más rápida y que por ello Ben Bernanke se vea obligado a salir de los niveles actuales de tasa casi cero.

Un análisis interesante del comportamiento de diferentes variables económicas antes de las elecciones surge de un trabajo presentado ante la Asociación Argentina de Economía Política por Jorge Streb y Daniel Lema, titulado «Electoral cycles in fiscal and monetary policiy at different data frequencies». Muestra con datos anuales, mensuales y trimestrales de 45 países latinoamericanos y de la OCDE en el período 1980-2005 que hay un comportamiento simétrico alrededor de las elecciones. El superávit fiscal cae antes de las elecciones y sube después tanto en América Latina como en los países de la OCDE. La tasa de cambio de las reservas internacionales es significativamente menor antes que después de las elecciones en Latinoamérica. En la OCDE se da el efecto inverso.

En otro trabajo de Stein y Streb, que utiliza datos mensuales de tipos de cambio, se halló que en los países latinoamericanos la tasa de devaluación típicamente sube después de las elecciones y más específicamente un mes después del cambio de Gobierno. Y si el Gobierno contiene la tasa nominal de devaluación durante un período electoral, entonces hay una variable obvia a observar que son las reservas internacionales. Y más se las debe mirar teniendo en cuenta que el Gobierno tomará la decisión por decreto de pagar los vencimientos de la deuda en 2011 recurriendo a las arcas del Banco Central.

Es obvio lo que se debe esperar en la Argentina de lo fiscal antes de una elección. No tendrá impacto en la evolución del dólar el desborde que, se espera, se haga del gasto público. Seguramente se apelará a actualizaciones para jubilados por encima de las previstas, incrementos de la Asignación Universal, más entrega de computadoras y obra pública por doquier. También las transferencias que se hagan a provincias en forma discrecional serán otra herramienta. Sin un Presupuesto aprobado para 2011, la discrecionalidad en el manejo de los fondos será la regla general (ya antes lo era, a decir verdad, con las subestimaciones en que incurrían los presupuestos que el Congreso aprobaba).

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