2 de septiembre 2013 - 00:26

El anuncio no frenó la guerra

La exención a Ganancias sobre los salarios para un tramo de ingresos y la suba del mínimo no imponible para los superiores que anunció Cristina de Kirchner tras las PASO ya lograron sumar efectos nunca vistos para una medida de ese tipo. Cuando se suponía, como sucedió en ocasiones anteriores, que el decreto en cuestión sería toda ganancia (valga el paralelo) para la campaña a octubre, las complicaciones alimentan a la oposición.

Es un hecho que el Gobierno se enredó en la técnica que eligió para esa mejora indirecta en los salarios (aún no se termina de pulir el monto exacto a partir del cual se deja de pagar Ganancias). O que el alivio resulte insuficiente para algunos sectores habida cuenta de que la inflación y las futuras paritarias es posible que lo licuen antes de lo previsto. Pero en ninguna otra ocasión reciente en que la Casa Rosada lanzó una suba en el mínimo no imponible del impuesto pudo verse que el anuncio terminara alimentando argumentos para el debate opositor con tanta velocidad.

El decreto debió haber calmado las expectativas electorales en un tema caliente para el Gobierno. Por lo menos ésa fue la tardía intención. La prueba es el ar-tículo que incorpora donde se consigna que el beneficio debe aparecer en los recibos de sueldo bajo el rubro: "Remuneración y/o Haber no sujeto al Impuesto a las Ganancias - Beneficio Decreto PEN 1.242/2013".

No sólo Sergio Massa o el radicalismo argumentaron durante la campaña por las PASO sobre la demora del Gobierno en aflojar la presión de Ganancias sobre los salarios. También lo pidieron los intendentes que quedaron alineados con el Gobierno, incluido el candidato estrella, Martín Insaurralde. Todos veían venir el impacto.

De ahí la pelea entre Insaurralde y Massa de este fin de semana por la propiedad intelectual de esa medida en medio de la aridez que viene mostrando la política en esta campaña.

También la importancia electoral de la baja en Ganancias: el intendente de Tigre anunció, antes de las PASO, un proyecto, el Gobierno lanzó, demasiado tarde a la vista del resultado, otra variante distinta; el radicalismo tiene su propia batería de proyectos y hasta Héctor Recalde viene con libreto propio en el tema desde hace tiempo.

El problema para el Gobierno es que el anuncio sobre Ganancias esta vez se está tornando demasiado provisorio. Tanto que sus efectos pueden no llegar a percibirse por muchos y menos antes de las elecciones. Una redacción técnica complicada, como denuncia parte del sindicalismo, y una guerra de proyectos opositores que mejoran la oferta del kirchnerismo terminaron por complicar el escenario. Lo que pide la oposición, que ahora Massa repite, aunque no sea de su autoría, tampoco se trata de una creación especial sino de una idea básica: un sistema de actualización automática (anclada a algún índice) para el mínimo no imponible de Ganancias. Es el sistema que impera en Chile, donde la actualización es automática y no existe necesidad de molestar al presidente de turno para que firme un decreto. Ese derecho está consagrado en una ley, poco tienen que ver las elecciones con el tema. Claro que Chile tiene una inflación del 3 % anual.

Y es por eso que esta semana desembarcarán en el recinto de Diputados una decena de proyectos opositores cuando el kirchnerismo sólo quiere debatir, en sesión especial, la creación del impuestón sobre la transferencia de acciones por fuera del mercado y la distribución de dividendos.

En el medio aparece otra realidad que complica también la interna del bloque kirchnerista: los cambios en el mínimo no imponible de Ganancias se vienen haciendo desde hace tres años por una facultad que el Congreso delegó en el Poder Ejecutivo dentro del Presupuesto nacional. Una ley aparece cada día más como una necesidad imperiosa. Más cuando hasta en el propio peronismo comienzan a aparecer exigencias básicas de cualquier parlamento normal. Reclaman poder dar buenas noticias por ley y que no sólo las dé la Presidente por decreto, cuando en los últimos años la Casa Rosada los viene obligando a aprobar casi siempre sólo los tragos amargos.

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